jueves, 23 de diciembre de 2010

Lo uno y lo múltiple. De otro modo, claro está.


La noche vuelve de otro modo. De ser otra, a ser nuestra. No es más, aquel espacio donde la inercia tramó intoxicarnos de continuidad. No se parece al viejo puente que solía trasladar a las luciérnagas, hacia una orilla de luz tal, que terminaba por incendiarlas.
Es un imán; una danza quieta de vapores; lo que muta hasta volverse fractal: exacta duplicidad del uno múltiple.
Mientras mis noches sean un lento ovillarme a ti, el día volverá de otro modo. De ser otro, a ser nuestro. No será más, aquel espacio donde la inercia, intoxicada, nos conmueve sin tocarnos. No se parecerá al viejo puente que traslada a las luciérnagas hacia una muerte luminosa y senil.
Será un imán; una danza quieta de vapores; lo que muta hasta volverse fractal: exacta complicidad de los dos en uno.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Andar.

A menudo solo quiero llegar a la orilla, recorrer la superficie sin importar si es ancha, estrecha, larga o corta. Los accidentes son parte de la mirada. Los pies no saben de cunetas, ni bordes; mucho menos del declive.

                            La inclinación cedía ante el paisaje mucho antes de todo.

Andar. Esa parece ser una cuestión sencilla. Lanzar una piedra, luego otra. Un juego de caídas evitadas, la gravedad. El ángulo que abraza la pupila hasta desvanecer la vertical, pero nadie dijo "vuela, trepa, iza". Esas no son palabras para llegar a la orilla, son disfraces sin altura. 

Voy a reptar. Seré sinuoso y en cierta forma, aerodinámico. 
Nací para desafiar el cielo.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Explicación no pedida, culpa aceptada

Lo que no sabes, es que durante el roce sucede lo imprevisto. Al tocar todo enmudece. El significado reposa, los sentidos se erigen y encarnan, profundos y bellos en su más clara dimensión. Por mínima que sea, la caricia es creación, desplazamiento de fronteras, reinvención de mundos: dislocación en dos sentidos, el tacto como trastocamiento, la distancia como condición que conduce del plano familiar a lo ajeno. Extraños o extranjeros del y en el otro, o bien, conocidos y comunes, imbricados y reales, básicos en lo fundamental, trascendentes al desprenderse de lo inexacto. 
Libres. 
No hay dilema: voy a tocarte hasta que aprendas a leer sin miedo y a ciegas, lo que tiene de indecible la presencia.
Tocar es dar vida, animar.

jueves, 16 de diciembre de 2010

26


Aves nuevas arden.

Eras luz itinerante
zanja

árbol bello
eterno
tu horma.

Luna unida en lazos mínimos
otros.

Antes
lucías varada
ahí raída
en zona.

Anhelabas. 

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Reincidencia.


Nuestro dónde reposa bajo un pliegue tropical.
Remanso único que amuralla las avispas.

Cada flor se presenta muerta; 
callan los flancos gélidos que nos enjaulan
                        y se abre
               tibio y horizontal
        un sedimento compartido.

La neutralidad termina en un rectángulo que estrecha el universo hasta atomizarnos.

Almohada y cabellera.
Herradura dual.
Un cisne extendido.
Alas quietas

Al llegar, el día se torna monosilábico.
Curva el dónde.
Descrea la geometría.
Es ahí cuando la memoria se vuelve franca resistencia.
Es ahí cuando reincidimos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Germen.

Dices muy pocas cosas. Lo tuyo es hacer que tu espalda y tu cintura hablen ovillándose en mí. Fluyes adentro de un lenguaje táctil, de ondulación constante y víspera matutina. Lo entiendo; también he sido capullo, horma; me he doblado y desdoblado como lo haría un reflejo de viento en la hoja quieta. 
Lo nuestro, ocurre al margen de todo: marginalidad de crisálida, desplazamiento geológico, urdidumbre de la raíz ("Symploké"), constancia del ciervo. 
Verás entre el silencio lo veraz de la voz. Yo veo ya lo que dices al hacerte palabra. Entonces tu carne, mi carne adjetivan y desplazan todo: crean vistosos silencios donde las manos traslapan el mundo a un solo epicentro. 
Germinamos. 

viernes, 10 de diciembre de 2010

Sello y signo

Un mismo sello
 oblea el signo
destino ignoto, el dos
notorio designio.

Un tú, el día
nos mira distintos;
 día nuestro
cortejo de unos,
abre su falange
para estrecharnos.

Pienso en una calle de entrañas revueltas
el poro que somete la humedad
ventanas abiertas que, al fumarte
me dieron tu esencia.

El invierno es nuestro.
Su ala espesa nos eleva.

No creías en mí
porque no creías en tus ojos
ni en palabras que, como ojos
te leían sin entender
y leíste sin comprender.

Mis ojos,
               invierno
      sobre los tuyos,
te dieron su vendaval
mecieron tus lianas

cerrados
abiertos
se posaron sobre ti.

Son el sello
y el signo
del nosotros.

Transparencia final.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Así.


La vida está por encima de la verdad, o acaso sea la verdad misma que se desplaza o despunta o se extiende tierra adentro, no tiene la menor importancia. De la noche al alba te sueño y siento.

Ojos y piel abiertos.

Eres la verdad que dormita a mi derecha, pequeña, de nariz perfecta, suave, sigilosa. Yo no duermo, en realidad soy una verdad horizontal; ocurro en tu roce, si te rozo transpiro.
Voy a tu piel sin que lo sepas, tu cuerpo me viene sin que lo sientas. Ir y venir es tan irreal, estamos acostados.

 La quietud del mar se presta a un magnetismo a partir del cual surge la marea.

Así nosotros.
Así las horas.
Así la vida, por encima de toda verdad, nos construye.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Ya no estoy en mí

Vienen a verte a la palma de mi mano. Te buscan tras el rastro que dejan mis pisadas. Se asoman a mi boca, buscan restos de tus labios. Abren mis ojos, esos pavorreales alterados, para ver si tu reflejo nada aún en ellos. Luego, como si eso no les bastara toman mis palabras (estas, aquellas, todas); se las llevan por la fuerza para diseccionarlas; sus bisturíes carecen de filo, y además, lo que dejaste fue un silencio. 
Ellos o todos, van tras de nosotros. Están atentos. Quieren beber de tu nombre, remojar un pan en sus vocales, regar sus plantas. Lo que no saben es que soy yo quien habita tu absoluto; que soy el que se fue contigo y no regresará. 

lunes, 6 de diciembre de 2010

Texto con título sumamente original: Diciembre


Hay un diciembre en cada cosa: en los muertos del sol; en la vida del viento; en el puño de la planta. El frío, es una suerte de avanzada estática de la quietud. Es una sombra cuya transparencia abraza de un modo distinto. Su abrazo de nada quema los huesos, agrieta la palabra al momento de salir de los labios: vaho. Este diciembre es tan puntual como todos, un eco desprendido de piedras santas; la estalactita de hielo que apunta su nariz al suelo; una baba helada, una mucosidad exasperante ante los ojos. Veo este diciembre como una mancha intacta; un paredón tendido en blanco y negro; una losa de ideas polares. En este diciembre que gime sus primeros lamentos quisiera invocarte para que tomes tu lugar entre mis cosas, entre mis vivos, en mi aire. Diciembre es el sueño de tu planta que busca florecerme.
Diciembre soy yo y transcurro en ti.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Poema frío.

El frío está varado en esta playa de piedras. 
Cuatro muros y ocho rincones componen un témpano donde los pies descansan. 
Quietos los pies conforman un agujero por donde el cuerpo se sumerge hasta un abismo de silencio mineral. 
Es el frío que revela un cuarto oscuro y obcecado. 
Debo emplearme a fondo para dislocar la transparencia del instante. 
Enciendo en el cigarro una broma, una chimenea de alquitrán que muere y mata. Inundo la taza de café, fue el regalo de Stone en otro enero de abrazos apretados. 
De la taza mana una somera esperanza de calor y sabor; lo amargo de los años se asienta, la lengua es el ataúd perfecto para sorber el sábado. 
Me llaman y lo ignoro. 
La voz de otro frío que viene del silencio.
El silencio invertido en calentar las palabras.
Girasol, espiral, formas que avellanan y nutren el paladar de mi lóbulo frontal.
Ahora paso a imaginar que el frío viene de dentro.
No voy a desnudarme.
No voy a darme otro calor artificial.
No voy a convertirme en una bombilla de grasa, huesos y tendones.
Me quedaré sentado con los pies fríos sobre la tierra.
Sobre esta tierra.
Mi tierra de pronombres ausentes. 

jueves, 2 de diciembre de 2010

Otros hilos para Ariadna


Un hilo es un paso atrás. Una hebra puede remontar al elefante de su tumba gris en la memoria para anidarlo en el capullo de una petunia. Tienes el hilo entre los dedos, Ariadna. Te lleva al espejo y te regresa un minotauro. Vas al abismo con la sed de un yo desértico, vas y danzas sobre un mar que tiene los brazos atados. Probarás la sal, te hibridarás en la arena, te romperás en olas infinitas. El hilo borda en la nada una sombra tenue, ahí se planta la intención de un ave, de una polilla narcotizada; ahí se agrieta cada ojo, ahí cruje la zarza.
En un vaivén, en un giro, en un respiro se ovilla todo.
Ahí sucedes.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

instrumentos de tortura.

El dolor no va a salvarte. Detrás de la idea no hay tejido que dañar. El vacío no se rasga destruyendo las nalgas bajo una piedra de carne. Tampoco el alcohol retendrá la noche. Tras la puerta, desfilan ya los signos, las cosas más quietas seguirán así, ceñidas a su forma y color; las variables cumplirán su destino de río desvariado, inasible, colosal.
El mundo será tal y no le importas: sangra, desintégrate, muérete lento, vívete a prisa. Los refugios que construiste tarde o temprano cederán al peso que soportan. 
Cualquier lugar del mundo es apto para ser un rincón. Ahora me disculpo, tengo el mío. Allá voy.

martes, 30 de noviembre de 2010

Cosas sobre las gallinas.

No me fío de la mano invisible que nos vuelve peones en un tablero fatal. Tampoco le creo al tiempo que, a golpe de coincidencias incendia mi ánimo hasta reducirlo a cenizas. 
Contemplo con rancia exquisitez, la estúpida fragilidad de mis dientes cuando se cierran sobre las preguntas. Any way: comienza a darme lo mismo todo y nada: los extremos, de suyo agotados, terminaron por cansarme. 
Se requiere una gran vocación de imbecilidad para volar con alas de gallina. Un silencio sería providencial, pero no llegará. Hoy saldré al encuentro de un abismo; pernoctaré en las entrañas húmedas de un cuervo; dejaré que mi náusea ceda con una píldora de carne. 
Total, ya estamos muertos y nadie va a tomarse la molestia de revivirnos. 

domingo, 28 de noviembre de 2010

El reino efímero.

Supongo que voy a orillarme. Un rincón es un pulmón privilegiado desde el cual respira el mundo. Mi corazón ama el polvo más que a la ceniza. Late haciendo humo. Crea columnas de sangre que se desplazan a la velocidad del glóbulo. No se piense que noviembre se está yendo, es diciembre quien llega. Hoy escribí la palabra melancolía para poder fijarme a una orilla y respirar. Conforme vacío vasijas doy pie a la creación del agua: plantas y pies; horizonte. 
Todo despejado para que reine el domingo.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Sobre los ahuates.

El límite es un asunto tan lineal, tan de frontera y muro y no sé qué tanto. Yo creo en la libertad, por eso los gatos, pero tú ni saltas, ni arañas, ni qué. Hay formas de exterminio que ni una bomba. Por ejemplo, la anatomía, vasija pródiga como ninguna. Una fuerza peculiar sostenida por partículas. Uno imagina y quizá. Decreta, reza, whatever. La realidad, si es que la hay, indica otro asunto, dice: estas o no estás. En ese juego cuya perversión consiste en segmentar el estar, sobreviene una tragedia científica. Me explico: presencia y ausencia. Una vez en el desierto un cacto me estuvo de sobremanera. Pinchó mis manos. Tenía sed. Quise detenerme a observa la tarde y lo hice. Todo era un todo ahí; un estar tan pleno de ahuate quisquilloso en la punta de mi índice. Porque de lo contrario, otro lugar, o nada y mi dedo salvo. Así las cosas presencié la presencia del ahuate ylodemás, estando y por tanto siendo. Y viste, la ausencia no. La ausencia no tiene cacto, desierto ni atardecer. La ausencia es mi idea de un cacto, un desierto y un atardecer que no sucederán. Y penosamente es lo que está sucediendo. 

viernes, 26 de noviembre de 2010

Destiempo


Detrás de todo hay un destiempo. Amaneces y olvidas apagar la luna. Al cerrar los ojos abres llaves que no corresponden a ninguna puerta. Aún así, piensas en grifos y agua, ducha y ríos; quizá en el mar, que aún recuerda su pasado remoto y desértico. Al inventar el mundo inventas también sus soledades; aflojas la cuerda, caminar es un intento de suicidio controlado; la caída, en caso de suceder, ya se ha verificado. Pero no inventas nada, todo está dispuesto en una larga sucesión de conceptos, preceptos y demás. Sales de ti, para ir a un ti predestinado de la peor manera. No pensemos solamente en lo predecible, pero sí, hagámoslo. Tampoco dejemos de pensar en la sorpresa, pero sí, dejemos de hacerlo. Es el destiempo, eso que provocará que, al caer la noche olvides apagar el sol y debas recomenzar. 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El extraño retrato de un instante.


Este no es un discurso. La palabra no está sucediendo. Esto se trata de lo automático; conforme vayan llegando los haré sentar. Cráneo, por ejemplo. Pórtico. Allá la calle, allá la callé. Hablaba mucho mientras se comía esa sopa de letras. La llamada del uruguayo, rompiéndome los huevos. Lo sé, la factura, pero igual, me da igual. Sopa, dije. Llegó un ajo a la taza: ajá. Ají y en Chile, me pica la moral. Sé que no voy a darme a entender. No siempre, ni porque qué. La incoherencia es todo un arte, tal y como aprender a silbar comiendo pinole. Llega mensaje: “aprieto los puños y te mando toda mi energía”. Y así fue, la sentí. En tanto este hospital, otra vez un hospital, y este mes y esta vida y todos los carajos reunidos en el water. No sé. Algo no anda.
Chau. Click.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Isla.


El mar, el tiempo y la memoria te nombraron. La bruma te cintura: espesura donde flotan abrazos, peldaño último del ojo. Una isla. Una isla es. Una isla eres. Te recorro a ojos cerrados. Isla del nosotros. De tu y tú.  De gatos que miran. Isla de la acechanza. Imaginaria y cierta. Isla lunar, de reflejo y piedra. Isla que muestra su enigma en el estigma, donde apareces discreta: pluma pactada desde  el vuelo, pensamiento del ave. He creado esta isla frente al mar, la palabra es su fauna y tú su espíritu. Habitémosla. 

domingo, 21 de noviembre de 2010

Puerto Vallarta en tres ojos.


I
El mar pone a sudar la vida. Por eso bailan los niños y las mulatas se erigen como estatuas del sexo; los hombres buscan la arena, saltan al mar, miran el horizonte; reconocen en él un trazo de lo eterno. Este es el mar, un fulgor azul que fluye entre adentros. 
II

El malecón lame el mar. Bajo los arcos un cardumen humano se rompe. Algo tiene la sal que nos vuelve estatuas. Aquí las aves son olas y el mar es alado. Un barullo lleva y trae una intención: es la noche en su descenso. Una necesidad de gota, de curvatura y gravedad exhala, invita a precipitarse en nada. Lo mimético es la buena nueva que trae la luna.

III

Se requiere un voluntario para doblar la pelvis de la ola, uno que sepa romperse y reintegrarse grano a grano.


sábado, 20 de noviembre de 2010

Hablando de la vida.


Quisiera hablar contigo sobre la muerte. Que hablemos largamente. Que lo hagamos labio a labio. Que lo hablemos desde los ojos. Quiero que mientras hablemos de la muerte sientas mi mano sobre la tuya. Mi mano que va a morir, pero no va a abandonarte. Hablaremos de la muerte porque sabemos que esa es la mejor forma de referirnos a la vida. Viviremos sobre los muertos. Nos besaremos de muerte. Moriremos de felicidad en vida. Y cuando al fin muramos, sean otros los que hablen de la muerte. No de la nuestra, sino de la que hicimos nuestra; de esa que es de todos, de la que está ocurriendo en vida, de la que nos vive, de la que no va a extrañarnos mientras alguien piense en ella. Vivamos pues.
Si llegamos a movemos es porque no queremos sentarnos a morir. 

viernes, 19 de noviembre de 2010

Viajar


La noche va juntándose de a poquito. Se recoge y reúne, flor oscura, ojo adentro, en lo insomne. Es de noche cuando viajamos. Trasladarnos es desafiar la premisa del tiempo espacio. No importa la velocidad, no estas quieto. Ni siquiera quieto dejas de andar, sin embargo, estás quieto y sigues. No es tu fuerza, vas encima de una ola de diesel que va rodando por la carretera.
La noche se flexiona. La luz azul de la cabina parece futurista: colmena de neón. Es un trozo de relámpago reflejado en las ventanas. Afuera, sin nubes, las estrellas avisan su trayecto. El horizonte va a tragarlas. Mi cuerpo torcido viene y va del sueño a la conciencia: crea el ensueño, la zona intermedia, el no where.
Ahí apareces: tus ojos, arcos perfectos; el gato de tu expresión asomando los más bellos tejados. Vienes tomada de la mano de la noche. Tus palabras son tan frescas como Enero. Cierro los ojos para recibirte. Bendito tiempo. Puerto Vallarta asoma.
Seguiré sus sueños. 

jueves, 18 de noviembre de 2010

A unas horas del mar, ya soy ola.

Iré al mar a detener el tiempo. Me sentaré por horas hasta que nuestras incógnitas se encuentren y espumen. No hay mar que por ola no venga. Y el viento, ese canalla idealizado, cumplirá el siseo brutal de hacerme girar adentro de un aroma que no existe más. 
Quizá me sienta perdido. La inmensidad es un trascabo de lo eterno. Zanja, hunde, canaliza de dentro hacia afuera sus orillas en las nuestras. Le pondré nombres, cuerpos, rostros. Lo haré pensar mientras rompe y sacude una franja de arena y pies desnudos. No soy tan terco como para no mirarme en él. Para no entender que no es uno, sino muchos mares. Que no es agua, sino un coctel imbebible.
Yo te habría llevado conmigo a ese mar. Te habría desnudado de noche. Te habría besado y lamido tan hondo hasta volverme tu propia sal. Ese mar y éste otro (la palabra) me contemplarán sin ti. Quizá digan: "He ahí la orilla de un hombre, la ola de un hombre y el mundo de un hombre inundando las horas". 
Quizá no. 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Buenos Aires.


Amanecí y me vestí de tango. Buenos Aires, por qué no. Allá o acá, soy el río. 

martes, 16 de noviembre de 2010

Paz


La paz como reflejo del mundo en el agua. La paz, no es un reflejo del mundo en el agua. La paz encharcada y luego evaporándose lento, regresando humedad a la atmósfera, y al asfalto grietas. No encharcar la paz, ni en esa, ni en ninguna calle. Verla florecer, brotar, ser aire, en el aire. La paz como testigo y vestigio. Una paz de retina para adentro, de vaho interior. La paz como estado predilecto de un corazón entregado. Mi paz, en paz. La paz como totalidad y tiempo. La paz que me doy. La que no van a robarme más.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Partir.

Hay que borrar el camino tras los pasos. No es por odio, simple inercia. Al elevar un pie nace un vacío: elefante mínimo pero inamovible. Al dar la espalda crece un adiós y nos arrastra. Al callar se dice todo, y lo has dicho muy bien: nada. 
Dejamos polvo en los tapetes del mundo. Huellas irreconocibles se fijan al pasamanos. Huellas sobre huellas, nunca lo único, mucho menos lo idéntico. Intervención especial y efímera que testifica un haber y vuelve los días un hubo. Cuántas veces respiramos y morimos de eternidad, diciendo que sí, que esta vez. A la vuelta está el hadrón, el hielo bajo el sol. 
Y este desierto, cariño, no perdona la sed. 

domingo, 14 de noviembre de 2010

Hubo una vez

No estamos a salvo. Un piso del mundo se desploma por segundo. Miradas se agrietan en el asfalto; áridas de tanto no ver. El tiempo se dobla de un dolor de horas que, tarde o temprano terminará bajo una tumba. Nadie va a rescatarnos. No habrá primeros auxilios para el sol que arde y se extingue. No alcanzarán las plegarias para replegar al mar, cuando avance sobre tus tobillos. 
Ninguna lágrima va a redimir nuestra ansiedad. Ninguna ansiedad va a redimir el alma. Ningún alma va a redimir otra alma. En el sedimento de un sueño se leerá una frase "Hubo una vez". Nacerán panfletos, arengas y visiones. Quizá nos lloren. 
Pero no corazón, yo no voy a esperarme al "pudo ser"; sabiendo que soy, te voy a ser. Si no, cómo pues. 

sábado, 13 de noviembre de 2010

Girasol

Pistilo: raya que espalda y erige la flor. Observa un muro alto y azul, pero no encuentra su tallo. Gira, es mundo; eleva el sol tras un puente amarillo. Su pregunta abeja; gravedad y vuelo que viene del enjambre. El color es una huella de amor en la miel. Donde nueva el fuego, se vacía el agua, ocurre el traslado, la vida. Algo sueña en el fulgor. Es el polen, niño que duerme en la ráfaga. Luz. La vida viaja en el zumbido. Se cimbra la tierra entera; el alma del girasol está pasando.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Divina redundancia

Te habría hecho de arena sólo para hundirme lentamente en ti. Tengo las veces desfilando en círculos; eje donde la vida punza, danza y ríe. Esas veces volcadas en sombra. Veces sin voces. Veces que a veces, y que no. Ahora hago tierra. Estoy poseído de veces que me vician y desdicen. No fueron veces, fueron esquinas y rincones silbando indiferentes bajo faroles inanes. Una, dos, tres, cuatro veces, la vez no vio. Y esta vez ya no habrá vez, como bien lo ves, es redundante pero cierto.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Falso dilema



A veces parece falso el dilema entre ser y no ser; y lo es. También parecen falsas las enredaderas; las astillas y el dedo pulgar que, elevado, pide un aventón. Fuck.
Vida y muerte se erigen desde el mismo lado. Me gustaría llamar a tal desplante, tiempo, ponerle arena, envasarlo, verlo caer una y otra vez. Luna o sol, otra moneda: la suspensión del vértigo.
Ayer, por ejemplo, encendí una hoguera; preparé el sacrificio y tenía que optar: vivir o morir. Claro, no era yo, ni la mosca, se trataba de un rito. Eso de ahí, debía ser nube o caverna, no más. En un momento dado caí en cuenta de que, la tentación de la muerte, la pulsión de tanatos y el arrastre hipnótico de la oscuridad, intentaban guiar el sacrificio.
Estúpida inercia. Me detuve en pleno bullicio para ofrecerle a la vida, y no a la muerte, aquel instante de afirmación.
Fito Paez cantaba Te vi. Cerré los ojos y ahí estabas tú. La muerte había partido, dejando todo en manos de la vida. Tal y como debe de ser, carajo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

He ahí que la casualidad no te hace casual, ni causal.


El concepto “casualidad” es demasiado deliberado como para haberlo visto atándose las cintas en el parque. Ahí estaba el árbol, pero no vamos a hablar de ello, dado que sería muy formal y lo de uno es casual (no confundir con vestimenta).
En cambio el causalismo es otra cosa. Uno se ata las cintas porque no quiere que la casualidad le ande por el parque. Toma en sus propias manos el calzado y ahí está el nudo. Luego de ello comienza a andar. La vida se apersona y te sigue, es una espía profesional. Tu te escondes, no estás para esos largos silencios de nicotina y alquitrán. Quieres un poco de disturbio para franquear la indigestión emocional. Te han jodido. Te han obviado. Te han reducido a la mínima expresión. Lo nimio y tú, ya ni se saludan. Como para qué.
Y mira cómo es la vida, que se arma y desarma tras las coincidencias. La misma vida que da y quita. La misma que de una u otra forma te devuelve al camino, pasa, llega, queda y te queda bien.
Te la pones y vas al parque. No sin antes verificar que tus cintas estén bien amarradas. No vayas a darte un putazo.

martes, 9 de noviembre de 2010

Pasos en falso

Nada tan falso como un paso. El paso en falso. El paso que falseó el paso. No sé lo que pasa. No todo lo que pasa es paso. Más bien, paso. Más bien, pasó. Esa extremidad, bastón repleto de tendones, arterias. El talón de Aquiles, resortera de propulsión inercial. La infamia del suelo, disímil, desigual, nunca el mismo, pero siempre representando lo mismo: calamidad desplazada. Horas, días, qué importa el orden, el tiempo inmiscuido en la pradera.
Entonces, dime, ¿Por qué te vas, por qué te quedas, por qué miras, porqué qué? No dirás nada "Qué quieres que te diga": Nada. Que hable la vida. Qué hable por ti.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Desidia.

Siempre en el reflejo, imaginando que ese ojo le pertenece a la mosca del instante, que, vuela en giros de tiempo, manecilla negra y mínima. Pensar las cosas, he ahí el imperativo: ese ahí, posterior a toda muerte, también es anterior a toda vida. No decir tanto, esbozar, medir. Permitir que la hoja caiga, que los sucedáneos fluyan a toda velocidad en la imperfección. Organizar la vida en torno a sus fragmentos. Nunca es la misma y siempre es la misma. Insistir en el cansancio, el agotamiento provocado por tanta indolencia. 
Abrir la ventana y sanear el corazón. Está muriendo, está volviendo sobre sí, traza ya una prospectiva: espacio tiempo; abandona toda retrospectiva: se extingue la transversal; no quiere más el instante ensanchado en la indiferencia: esa línea recta al olvido. 
Siempre en el reflejo, imaginando que ese ojo le perteneció a un sueño y que te sales de él con desidia. 

domingo, 7 de noviembre de 2010

Eterno retorno

Debería hablar de amanecer y no de repetición. Pero ahí están las plantas, creciendo en una botella. Ahí están las botellas, cristales petrificados, sin giro. Ahí está la mesa que sostiene a las botellas, donde viven las plantas: su color chocolate y esa manera de rectangular de quedarse y llenarse de polvo. Ahí está el piso que sostiene la mesa, donde las botellas y las plantas se saludan sin mirarse, acaso sin tocarse. Es monótono, mudo, pecoso. Es un piso que si pudiera se extendería hasta el pasillo y no lo hace. El pasillo que besa el piso, que sostiene la mesa donde las botellas y las plantas callan, no es lengua, ni dedo, es un piso amarillo, arena de otro costal que muere en otra la puerta de ingreso. No saldré, no le haré el favor de cumplir ese rito inmundo de abrir, cerrar, buenas tardes, no azote la puerta. No llevaré este adentro de plantas silenciosas, botellas transparentes, mesa chocolate y piso monótono a la vulgar sorpresa de la banqueta, con sus Jacarandas, Tabachines, Arces y Laureles de la India. No sé que terrible giro pueda dar, ni a dónde pretenda llevarme. Me quedo aquí, sentado frente a nada, preguntando todo.
Así será.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Monólogo que Gaby no entendió.


Es lo que te digo
por eso a veces lo mejor es el silencio
aunque abundan ocasiones en las que los silencios dicen demás
es ahí cuando hay que hablar
o cómo?
la otra es moverse en intervalos: silencio, palabra, silencio, palabra
por obvio que suene esto ocurre todo el tiempo, incluso, contra nuestra voluntad
pero para eso está Freud, Lacan y Jung
no yo
pues nada, te quería decir eso
bye

jueves, 4 de noviembre de 2010

Potencial destructivo de un dedo


Se advierte en todas partes, la ausencia de un dedo podría derivar en un invierno nuclear. Al menos, yo lo constato en el ojo redondo del velocípedo. Dejó de parpadear, es un caucho desesperado cuya única mordida me ciega. Siento ya el frío; de siempre me gustó: nacer en invierno me dotó de una cualidad especial para resistir la frialdad.
Pero no tanto.
Distintos fríos aguardan convertirse en algo que no deben. Quieren adoptar el contorno de una banca; desean fijarse como un pegamento a un daguerrotipo; tienen la misión de desolar todo aquello donde el color y yo, nos saciamos de vida.
Así las cosas busco ese pequeño insecto. Debe estar en cualquier mano; ahora mismo quizá hace una señal para que otro detenga su vida y lo lleve; o está acariciándose una herida o simplemente, ese dedo está creando un invierno nuclear.
Mientras lo descubro, voy a arroparme. 

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Cosas sobre tu espalda


La mañana de tu espalda miraba al sur. Amaneció con mi nariz pegada a ella. Se extendía sobre la cama que nos mira morir y renacer en breves dosis de gemidos. Dormía detrás de ti, derrotada y mansa como el musgo sobre la piedra.
La tomé para envolverme en su calor, para dejar de ser el planeta frío que gravita solitario en un mundo tal. Tu espalda es mi pecho que se va soldando hasta volvernos un durmiente tendido hacia la vida, hacia el beso, hacia las manos.
En sus peldaños suelo estar muy bien. Trepo como luz primera sobre el día. En ella, no esta mal saberme vencido, como un ala que prefigura el vuelo. A su lado crezco, me desplanto, me convierto en hombre: tu hombre.

martes, 2 de noviembre de 2010

Marcela Diosdado.

A Marcela Diosdado.



No creo en la hora poniente. Ni en el sol apagado en la retina. Allá o acá, pervive una nube intermedia que bebe de otro río para viajar por encima de los mundos.
El alma ¿Cuántas veces me deshice de ella, arrojándola de la punta de la lengua, desterrándola de la mirada, desdeñándola por ser un eructo de lo eterno? El alma es un puente entre ausencias. Un resplandor que sólo brilla una vez. Es, el árbol que cayó a mitad del bosque.
Pienso en ti desde la certeza de que lo fugaz se hace eterno en la memoria. Un instante sin tiempo. La pura casualidad de haber vivido en un mismo mundo, tantos mundos y que, uno de ellos, por breve que sea, nos haya atravesado.
Descansa en paz. 

25 octubre 2010

lunes, 1 de noviembre de 2010

domingo, 31 de octubre de 2010

Soy de los que no entienden nada. De los que les caen guayabas del cielo. Soy de los que van por la calle y se confunden de esquina. Soy de los del no llegar; de los que se quedaron sentados;  de los que se quedan con la mano alzada.
Soy de los que apuntan tarde, cuando el ave ya voló. De los que quieren ver a pesar de la bruma. Soy de los que siguen un rastro único y por tanto, se pierden una sola vez. Soy de los que se sienta a esperar a que el mundo cumpla sus promesas. De los que aún creen que por encima del animal está lo divino. El que se pregunta por ti.
Soy de los que vinieron al mundo a sentirlo, no a crearlo.

sábado, 30 de octubre de 2010

Variaciones sobre la piedra.

Camino empedrado a cuatro manos con Marina Helguera.

Piedra descalabrada. Piedra de escala labrada.
La piedra camina por mi pie descalzo.
Descalzos los caminos se visten de piedras.
Los caminos descalzos llevan a la piedra
Piedra y camino descalzan al caminante.
La piedra viste al caminante de camino.
Vestida de camino, la piedra se fue a rodar antes el gesto impávido del caminante.
Ay, perdí la piedra en el camino.
La piedra me recorrió y el camino se redujo.
La piedra, extraviada y exhausta encontró en tus pies descalzos el camino.
El camino, impasible y sereno acogió a la piedra olvidada.
Y tú piedra, cuya piel desanda la vida, cuándo andarás?
Tu camino me deja sin piedras.
Sé piedra.

viernes, 29 de octubre de 2010

Sobre el límite

El límite. La luz carece de tal. La oscuridad, de tan extensa se volvió inconmensurable. El alma desciende al cuerpo en grados celsius. Ni siquiera la muerte, la cruzas, te cruza: nada. La ceniza escapa; nube de alas grises. El viento es aire encolerizado, pero alegra al árbol. Nada funde la selva mejor que un León. Aquel asteroide; la llama doblada; el monte huraño: especies extendidas del sueño.
Heme aquí expugnando la minúscula ilusión del no llegar.

jueves, 28 de octubre de 2010

Algo sobre el cuerpo.

La palma de la mano ofrece buena sombra. Las plantas de los pies alojan una fauna de milímetros, centímetros y metros que, insospechadamente crean eso que lamamos distancia. El mar de los ojos, comunica hacia el lago interior; abrir y cerrar los ojos son dos formas de naufragio. En su primera página, la boca ofrece un índice de palabras delicadas. Ahí se forma la oración con que besas, hablas, callas y muerdes. En el cuerpo, todo está dispuesto para ser algo más que lo que es. El ombligo será un lunar hundido. Las rodillas el punto de apoyo universal. El cuello una solución práctica para que descienda el cabello. El cabello mismo una forma de mirar el viento. Se equivocan quienes piensan que el cuerpo es un infeliz amasijo de órganos; una máquina perfecta o un simple armatoste destinado a pudrirse. Y aunque tuvieran razón, aunque el tiempo lo ataque y aplaste hasta curvarlo, hoy por hoy, tu cuerpo y mi cuerpo harán una fiesta en honor a la vida.
Desnudos visten de etiqueta y bailan.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Antes, durante, después.

Antes, el capullo. Nada manifiesto; un cilindro de bordes texturizados en sepia. Depósito intacto. No: vuelo depositado en lo intacto. Durante, un dragón. Todo expuesto; una cordillera de fuego en la mente senil de la historia. Flor del mito, dejada a lo alto. Alto: dejado lo alto, el mito floreció. Después, una vaina. La piña que escaldó los sabores. Un armadillo de pensamientos. Un topo de luz.
He tragado un carrusel, una espiral, la eternidad contenida en lo mínimo. ¿Cómo pensabas que iba a ser este asunto, conjugar lo inevitable?

martes, 26 de octubre de 2010

Sé.

Guarda el silencio en una parte donde podamos oírlo gemir. Saca a los días; deja que vean la calle; que se mezclen con los perros; que perfumen sus propias esquinas y reflejen en los aparadores, su gesto más triste de compradores de sueños. Haz como si nada, por ahí está todo: en un reflejo, en una molécula de vida que porta y comporta el absoluto. 
Vira sobre un eje ciego, viuda, sedienta, prohibida. 
Sé conmigo lo que ocultas.

lunes, 25 de octubre de 2010

Silencio erógeno. Di aire o fuego. Abrasa. Quema dos. Doma, salta. La mano no es más que un ave ejemplar. El beso. Lo que viene. Tantas pistas, ningún camino. Me pesa tu labio. Su no caricia. Insinuación de piedra. Aquí las cosas son tiza, dibujos efímeros. Ese muro, porosidad extrema, es tu cabello que duerme. 
Te leo, te escucho, te pienso, te vivo. ¿Cómo le haces para que todo sea tú y tú sigas tan nada?

domingo, 24 de octubre de 2010

Pasar, pesar.


A pesar 
del gesto cansado de la mano tendida 
y de la gravedad con que las ramas del árbol 
despiden el cielo 
sólo puedo ser yo 
sólo puedes ser tú
lo que sucede
no lo que nos pasa.
Lo que pasa no es camino.
Muy a su pesar.

Pasemos.

viernes, 22 de octubre de 2010

Tomar café.

La vida no va a cobrarte la factura. Tampoco te dará un gramo de más. El trébol de cuatro hojas se fue con todo y suerte. La mala suerte no llegó. Vas solo, sólo vas, del punto a la nada: viejo pepenador ahistórico, vejiga genérica que secreta imposibilidades y luego se echa a dormir. 
Hoy el mundo amaneció cinco grados más triste. Será porque nada está bien o porque todo está igual. Da lo mismo, echaste a un lado la cobija roja y te quedaste mirando el techo. Como sea, estás de pie. Renovaste el ritual. Verificaste que despertar es, entre otras cosas, renovar un pacto con la inercia; decirle adiós a ese paraíso donde no hay que pensar; recibir sonriente la noticia de que, oficialmente un día más se fue al carajo, y otro más comienza bajo la misma premisa.
Con la vida, uno debe ser un muerto ejemplar: respirar, ver, tocar, probar, oír. En ello nos jugamos nuestro resto. Ahí es donde, por una extraña razón, las líneas paralelas entre lo que es y lo que se extingue, tienden a unirse en una simulacro de fatalidad.
Siendo generosos, hay que afirmar que ahí también ocurre la risa, el amor y las ganas de tomar café.
De tal forma que yo voy por uno, negro y profundo, pero eso sí, debidamente endulzado.
Salud.

jueves, 21 de octubre de 2010


Lo ancho de la atmósfera. 
Lo ligero de un ruido. 
Lo hondo: esta vez gira retorna y se retuerce. 
-Sé rizo, o ave helicoidal: un ocho alargado-.
 
Encontré un sonido para el fin del mundo. 
Haré click, alas y chau.

Una luz roja parpadea. 
Una luz que ni soñando es luz. 
Un punto para cegar.

Voy a picarle el ojo y descansar.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Besar.

Aparecieron al azar en un cuerpo extraño. Todos los cuerpos son extraños, pero ése en particular era el más extraño de todos. Tenía por vida un amasijo palpitante de órganos. Su cima morfológica tendía a presentar una planicie de la que brotaban vapores teleológicos. Carecía de piernas o de una rueda con la que girar por este mundo, salvajemente mutilado por un propósito humanamente caprichoso: adaptarse o morir. 
Y también moría; por más que los tentáculos del aire, por más que los nutrientes del sol, por más que el agua. Moría. 
No eran salvos, pero luchaban. Se abrían camino por la espesa sombra de la humanidad. Se unían y desunían en otras superficies buscando quedar. Adoptaron formas únicas, la del Exodo, la de la migración, la del desplazamiento. 
Con desordenada movilidad formaron una meticulosa diáspora. La manada del beso. el beso en sí. Ese que, si uno está atento, salta de un cuerpo a otro hasta llegar al tuyo y entonces, crea un milagro, un segundo de paz, un motivo para abrir la boca por algo que verdaderamente valga la pena, como besar. 
Bese. 

martes, 19 de octubre de 2010

La idea de dar un paso es muy elevada.

La idea de "dar un paso" me acerca a la fractura del tobillo. Imagino la escena y veo con claridad cómo las plantas de los pies rastrillan el suelo, dejando escamas de piel, y llevando consigo una cantidad discreta, pero constante, de polvo y mundo. Luego llegó CocoRosie con Candy Land y no supe que pensar. La sensación de salto cuántico me vestía con una suerte de alas. El cuerpo respondía con su eructo habitual de ángel descompuesto. La mirada, ascendía por inercia hasta el piso superior para entonces, recordar que, en alguna de sus vidas aprendió que los elevadores también descienden. Había que llamar inmediatamente a Sigur Ros Svefn G. Englar, y decir "qué bien se siente flotar".
Yo soy fauno. Yo soy lo que pasa. Ya no voy a caminar más.

lunes, 18 de octubre de 2010

Sedimentos

Ojalá sólo fuesen un par de ojos que, cerrados, dieran paso a un abismo. Habría que esperar el veredicto adverso de un puñado de luciérnagas impávidas -jurado ciego, como ninguno. Hay sirenas extraviadas en una ciudad superficial; putas aullando de falso placer; largas filas de presagios esperando canjear un pase al futuro por un "ya no más". 
Casi siempre el mundo muere sentado. Se sienta tras los párpados. Se asienta hasta formar una capa mucosa y oscura que, eventualmente habrá de tragarse la vida. 
De eso se tratan los sedimentos. 
Hundámonos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Ciclo.

El cielo se cierra en torno a un nervio. La falange acomete contra el árbol de miradas -deshoja la calle. La vida, quieras o no, es el malentendido en que todos nos movemos -anchos o delgados, folículos huecos de una cabeza de alfiler.
Allá, una sombra desplaza una sombra. Por acá, el pesado cadáver de un segundo pisa fuerte pero no pasa, ni queda: se esfuma.
Nada está quieto. Nada está. Nada es. Nada.
Por mínima que sea, toda vibración hace temblar una piedra.
Así también, a veces el alma tiembla y se acostumbra a pernoctar en el adiós.

martes, 12 de octubre de 2010

Ansiedad.

Piensa en una burbuja. Como se abre paso del fondo de algo. La palabra burbuja y tu lengua, por ejemplo, ascienden juntas y me dan paz. Una burbuja de sueños que abre una grieta de tiempo y espacio hasta la primera luz del día. Imagina el ascenso invisible de una bolo de deseos que comienza en el estomago, llega a la mirada y encuentra ausencia. 
Reconócete en este paisaje de raíces y humedad que llamamos musgo. La piedra quieta. El sol de espaldas. Un rincón inusual recreado únicamente por la voluntad de estar. Una vez que lo hagas desciende. Tocarás fibras desconocidas. Sentirás que no soy tan bobo, tan desmesurado, tan excéntrico como parezco. Sabrás el por qué mi mundo no es igual si no estás aquí.
Entonces, entenderás mi angustia. 

sábado, 9 de octubre de 2010

Autopista a la noche

Vamos a divertirnos, yo pongo el sábado y tú te asomas sobre la almohada, con esa cara de poseída que sólo yo sé. Taparemos el mundo como se tapa un baño. Beberemos café, tú con leche y yo negro. Nos sentaremos a hablar de una flauta mágica, que ya no tanto porque se sabe: los balcones son indiscretos. Vendrá la risa y con ella nos iremos por un tiempo a construir una autopista hacia la noche. Yo contaré las horas desde una silla color crema. Tú serás inmensamente feliz de la mano de un hombre hermoso cuya voz se pasea muy adentro de tu corazón. Llegado el momento retomaremos el ritual y quizá nos sentemos a ver llegar el domingo y digamos "que bueno está esto de querernos".

viernes, 8 de octubre de 2010

1974

El viernes se aposta del cielo para mirar como me estiro. A lo largo y ancho de un segundo ocurre todo y también, todo deja de ocurrir. Una caricia en la nada vale tanto o más que cualquier rasguño con pretensiones de eternidad. Pienso en cosas que no quieren llegar a cicatriz: el aire que domina las cometas y mece los árboles; plantas de agua; gatos encerrados; taza semivacía de café semidulce. 
Me afianzo al suelo que a estas alturas es un tablero hipnótico de extrañas amebas cuadradas. Entre el suelo y mis pies hay un intruso que, para precisar llamaremos chancla. No importa de dónde viene, pude haber sido Nueva York, a los pies del Flatiron, cuando de reojo veía los cerezos y al cerrarlos hablaba con Bruno -el italiano que recién me había ofrecido trabajo- ¿Por qué hay recuerdos que se empeñan en que uno no toque el suelo? Rechanclas, recuerdos. 
Es viernes, lo importante es que este día comenzó un primero de enero de mil nueve siete cuatro. Salud por el siglo que viene. Ah, no.

jueves, 7 de octubre de 2010

En eso estamos.

Rompamos el mundo en mil aves. Que en el trance nuestras alas no se rompan. Que vuelen hojas y nuestros ojos revelen el brillo de haberse posado uno en el otro. Que nada se acerque: el bullicio revoltoso del otro; la falsa piedad; la duda.
                                                                       El ninguno.
Que ser sea un modo invisible de estar. Que estando nadie nos vea. Que viéndonos no sepan qué somos. Que siendo nos dejemos respirar. Que respirarnos sea vivirnos en la punta de la nariz y no una asfixia.
En eso estamos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Tránsito.

Ayer tu cuerpo, mañana también. La noche, un tejido tan suave como tus manos, aleja el frío. Lo que nos damos, trasciende el intercambio de lunas, soles, aves y terrazas. Es una feliz indefinición, de esas que se cuelgan de la risa, que sucumben en la lucha cuerpo a cuerpo y que, por puro placer, desplazan montañas y se tienden en la nada para mirar las cosas ser. 
Y mira, no estoy aquí para sacar una bandera. Para decir que nosotros sí o que el mundo no. No sé.  Simplemente vine a derramarte en este mar donde tanto me gusta zambullirme. Debes saber que en estas aguas, un rastro de sal me conduce a tu profundidad. Que parte del día no hago otra cosa que una expedición encubierta a tu recuerdo. Una forma de transitar el tiempo desde los sentidos a tu ausencia y de esta a tu presencia.
Entonces, vuelvo a zambullirme, pues ¿Quién soy yo para interponerme entre tú y yo?

martes, 5 de octubre de 2010

Entre muros te veas.

He ahí un muro pálido. Su desfachatez descascarada. Su intento fallido por oponerse verticalmente al sol. La manera rectangular con que se desplanta del territorio, para quedar contenido en cientos de ladrillos, tediosamente apilados cual dientes caídos. 
Tal muro no inspira lamentación alguna. Tampoco dan ganas de treparlo. No le crece una enredadera. Ningún insecto llega para quedarse. Es un muro anodino de tu ciudad imaginaria. Es un recuerdo que se retuerce. Es un veneno urgido por ser inyectado. Son las dudas, las miserias y las tristezas que animan tu infamia. Eres tú, desolada y abyecta intentando respirar un aire que no mereces respirar, y muriendo por ello.

lunes, 4 de octubre de 2010

Críptico para ella en lunes.

Asómate a la causa, efectúate; sin tiempo, sin espacio: solamente. Despierta, pero no dejes del todo la mixtificación -se sabe, ese plano de aquelarres y alquimias: el ello. Razones aparte, acá la magia tiene dientes (la que te arquea durante el grito) que desaparecen el miedo. Y lo sabes y lo sé, esto es un en tanto; algo que en el quizá, sí; un tal vez horadando el extremo de un todo, de un ahora es nunca, de un nada más.  Y si por ello no sabes, o no sé: Asomémonos. Seamos causa, efectuémonos a tiempo, en el espacio correcto. Solamente y así.

sábado, 2 de octubre de 2010

aire.

Un hueco en el aire, burbuja que atrapa la mosca de la voz. Un respiro viene y va, redondo como una o que vuela en círculos en la mente de la mosca. Hay un espacio que habitamos sin querer hallar en él, suspiros ni exhalaciones. 
                                              
                                                  Son gemidos, jaculatoria voraz de la sorpresa. 

El mantra de un sosiego va mutando hasta convertirse en falsa paz. Hay tanta humanidad acumulada en la transpiración del viajero que, el camino forma un río de últimos alientos. Ahí navegan los barcos hacia un adiós de vientos alisios. 

En ese mar que es el pensamiento.

viernes, 1 de octubre de 2010

Esquinas.

Suelo quedarme en una esquina y verlo todo doblado. El árbol es una esquina vertical. Un pie es una esquina sosteniendo una idea. La idea es una esquina desgastada. Una silla es una esquina incómoda. El tiempo es una esquina prolongada.
A su vez las esquinas me persiguen. Dan la vuelta tras mis pasos. Me jalan de la remera hasta hacerme perder la postura. Se apiñan en paisajes que deberían ser puramente lineales, libres de accidentes. Me hacen caer.
Tus esquinas se desdibujaron poco a poco. Primero, la esquina de tu palabra y su machuelo desmoronado. La esquina de tu boca esquivando la mía. La esquina de tu cuerpo cerrada por remodelación. La esquina de tu corazón, solitaria y en desuso.
Ahora, en esta esquina doy la vuelta.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Ellos.

Hablan de comienzos mientras hacen fila. Hablan de llegar y están sentados en un sillón amarillo que se hunde bajo el peso de su ausencia. Se escriben para decir nada, o para decirlo todo, sin significado ni sentido. Se encuentran cumpliendo un rito de soledades. Se buscan para desandar silencios. Se acicalan el pensamiento con lenguas de gato. Se hunden y emergen en sus sustancias: celosos de nada, salvajes por espejismo, jadeantes de lo inútil. Están en nuestros nombres. Habitan tras nuestras paredes. Respiran en nuestros poros. Se alumbran con nuestras llamas.
Son ellos, los que somos sin nosotros. 

martes, 28 de septiembre de 2010

Reversible.

Ponle corazones a tu caparazón. Mantén la llave cerrada con la puerta. Atranca la sombra con una silla de luz. Sucumbe ante ti. Renace en el renglón donde la historia da el vuelco y se convierte en una narración extraordinaria. Sal. No te quedes doblada bajo la sábana gris y sin lluvia. Comete aquel delito que soñaste la noche anterior: yo ahí, sobre la piedra y tu brazo alzado para asestarme el golpe. Nunca sabrás si el miedo es cierto mientras no tiembles de ti, en mí. Nunca sabré qué tan falso es que yo quiera ser tuyo, si no te tengo. 

lunes, 27 de septiembre de 2010

Para dónde...

El corazón es tantas cosas inconclusas. 

La mitad de un sueño. 
Un cuarto vacío. 
Una idea que se aleja. 

En cambio 
la vida es tantas cosas concluidas
y tan poco corazón.

¿Para dónde hacernos
sin hacernos viejos?

domingo, 26 de septiembre de 2010

Pregunto.

¿Viste cómo, el mundo se va creando en nuestros ojos? ¿Te asomaste para verlo pasar en aquel desfile de soles diminutos que presagiaban la formación de una galaxia? ¿Te diste cuenta cómo, el último minuto se formó en la fila equivocada -buscaba entrar y solamente consiguió salir? ¿Estás viendo la forma en que el agua fluye en el drenaje profundo de la sed, cómo se evapora y deja el suelo más árido que un promesa incumplida? ¿Te preguntas cosas tales como, si es cierta esa propensión tan tuya a decirme no, cuando sí, a fingir ser muro cuando tienes la fragilidad de una liana?
No sé si llegamos o nos vamos. Si esta libertad es un capítulo más de la soledad que no queremos. Tampoco sé dónde ni cuándo va a parar.
Pregunto.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Así las cosas.

Quería tener siete vidas y un gato. Que las plantas regaran el cielo. Tener el poder de despertar al café y no lo contrario. Desarreglar las cosas. Desandar los caminos. Desaprehender. Lo que quise lo tuve y aún más. Transfiguré lo tocado. No dejé esencia viva. Acumulé accidentes. Reinventé abismos. Fui.
Hoy amanecí con la distancia impresa en los pasos. Con la vida derecha y no al envés. Hoy seré otro que se levantó de la cama y le dijo adiós al sueño ajeno.
Así las cosas.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Amanecer

Arrojé la primera luz  -Ryuichi Sakamoto descafeinaba el día. Vino a mi mente un pensamiento: era amarillo como un pergamino, quería fijarse como el sarro a mi cráneo hasta formar una frívola estalactita: la idea.
Vino el Río de la Plata a través de tu cuerpo y me desbordé en ti. Llegó la realidad, el destiempo, las citas perdidas, los horarios cruzados.
Me serví otro café y me senté a esperar. Los amaneceres no duran ocho soles. Despertar es una cosa que te lleva todo el día.
Encendí un cigarro. En mi rostro aún está tendida una sonrisa. Esa, la de tu soga apretándome sin asfixiar.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La importancia de las uñas

La uña no conoce de justicia. Va y te rasca y se queda quieta y ósea. Encarna un silencio por encima del dedo que, no reconoce en ella su cómplice encarnado, la calidad protectora que vuelve al dedo un acorazado delgado, pero tenaz. 
Ella crece y rebasa la cabeza calva del índice. Apunta y la mano toda, avanza. Las falanges son comandos perfectos que toman por asalto la taza llena de café. Empuñan el misil del tabaco rubio; en un momento dado, disparan la señal necesaria para que, la fumarola fije la coordenada exacta para realizar la emboscada.
Las uñas son una transparencia disciplinada. El terror de las naranjas, de las ronchas y de toda ranura aparentemente inaccesible. 
No sé por qué a estas alturas las sigues cortando como si fuesen terribles invasores; habitantes extraños o pelos petrificados. Lo que sé, es que un día no muy lejano, habrás de rascarte con tus propias uñas y para entonces, las mías se habrán vuelto: pájaros sobrevolando otra comezón.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Otoño

Las uñas caerán del árbol de la caricia. Nos inventaremos una piel a prueba de claroscuros. La calle se irá inundando de esqueletos. Caminaremos sobre sus huesos. Las hormigas tendrán cobijo. Un perro languidecerá frente a un puerta. Una ventana se asomará hacia el punto más gris de la mañana. Los libros viejos rejuvenecerán en sus estantes. El polen será un polvo moribundo. Los niños se verán más gordos que de costumbre. Habrá dulces siestas. Los osos dormirán. El café será más tierno. Las manos se agruparán como una manada frágil en torno al fuego. Nos diremos cosas tales como "acércate más, amor... frótame el alma...". Pediremos más cama, noches más largas, árboles más tétricos. Nos amaremos estacionalmente porque, llegado el invierno seremos uno. 
Mientras tanto bajo mis párpados todo es Otoño.

martes, 21 de septiembre de 2010

Beso.

Me pongo tu beso para llevar. Le añado una banca frente a un lago. Le pongo el sol poniente en la cara. Le sumo una caña de pescar con un charal en el anzuelo. Lo asocio a una lluvia por venir; al viento que jala del oriente una nube manchada de tiza oscura. Luego lo alimento con curry Tailandés. Con agua de ladrillo. Con tapioca y plátano. Lo pongo a caminar sobre las piedras. A un lado de las bugambilias y los altos muros llenos de musgo. Lo pongo a reposar y a escribir. 
Duerme. Sueña. Despierta. Se estira. Camina descalzo. Y sale a buscar el sol. Le doy una carretera. Un hogar. Lo recuesto para acariciarlo sobre tu cuerpo. Le doy el mío. Nos hacemos uno. 
Un beso es algo más que un beso. Es un recuento. Es la respuesta a tu pregunta. 

lunes, 20 de septiembre de 2010

Hoy

El lunes no debe ser esto: una operación de estiramiento facial -que corrija las arrugas que deja un amanecer indeseado, en el rostro de la memoria-. Abrir los ojos debería ser una forma de extender otros amaneceres, desde la punta de una sensación, a los ojos. 
Las cosas son como son, diría, con razón, un otro cualquiera. 
Acá no se entiende de razones. Se conceden espacios muertos a esa ciencia exacta del estar. Acá se exige a lo deseos imaginación y furia. Aquí, en esta silla no se permite que el tiempo avance sobre un riel mientras a los lados se desdibuja todo. 
Los que vivimos en mí, deseamos que la vida se sostenga aún en lo que fue. Y eso acaba de pasar y por tanto, debe seguir siendo, sino ¿Cómo llegar al siguiente viernes, a esa estación de soslayos?

viernes, 17 de septiembre de 2010

Taxista, siga esa vida!


La vida está hablando. Dijo algo así como “da la vuelta”. La carretera era libre y recta como un monje. La mañana presentaba un cielo más seco que una piedra. Un sol más gordo que de costumbre se regodeaba en su lonja de fuego. Allá iban los vivientes. Una ráfaga de existencias compactadas en un bólido sin rumbo, dispuestas a viajar. Nadie miraba a los lados. Los letreros como vacas flácidas desaparecían sin que un ojo perpetuara el crimen de mirarlos. “Así se va todo”. O quizá no. “Así llega todo”. O quizá no.
La cosa es que la vida estaba hablando y al parecer nadie la escuchaba, o realmente no decía nada. No pude saberlo. 

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Resentimientos de la nación


Mi país es una mancha alargada sobre la sábana. Saca el pie esguinzado. Su brazo se desborda de un lado a otro –intenta ocultar el arma con la que se volará la sien. Su corazón, tan quieto como una pelusa, retiembla en el centro: un centro vacío, una florida oquedad, el hueco que deja la amnesia.
Mi país baila sobre una roca. Gira al ritmo de una nuez ardiente. El universo lo casca. El viento lo pule como a una navaja de cien millones de filos. Mi país no es un puente: el abismo es su terraplén. No flota, se hunde. No anda, desanda.
A mí país lo habitan millones de moscas que, contentas, giran sobre la mierda que la historia le ha dejado.
Viven el festín, ángeles ya sin dios; dioses que cayeron tan bajo y ahora, humanos son: unos tales para cuales.
Unos hijos de la chingada.

martes, 14 de septiembre de 2010

De otra relatividad


El mundo es lo suficientemente relativo como para exigirnos llegar a tiempo. La botella se curva en un tiempo alcoholizado. Elevo la voz para hablar con la copa de un árbol borracho de sol. Fumo desesperadamente en los linderos de una fogata que está por apagarse. Veo la hora y siempre es puntualmente tarde. 
Impelo a la penumbra, sólo para confirmar que la noche brilla por su ausencia –es un tatuaje de fotones malogrado. Este es el momento justo para decir: da lo mismo. Y que lo mismo sea distinto. Y que lo mismo, si quiere, se presente. 
Que lo mismo, en su mismidad me contagie de quietud e inercia, porque, ¿Para qué más está uno en la vida sino para ser arrastrado por la corriente?.
Aunque la corriente misma no sepa si viene o va. 

lunes, 13 de septiembre de 2010

A mano


Tengo esto: un puño cerrado. De un extremo a otro extremo tiene riscos. La yema blanda, la uña corta, la huella onda. Erguido es como un cactus –la aridez lo envuelve, una lógica de desierto constriñe sus falanges– es un sobreviviente. La mano extendida es un puño derrotado. Cuando golpea crea un palmar. Sabe tapar el sol con un dedo. Se desliza para acariciar. Se tiende sábana adentro, contacta lo frágil, pasa encima de lo febril con una suavidad de hoja. Mi mano quiere la tuya. Al entrelazarse te dice “todo va a estar bien”. No va a soltarte. Sabe que el mundo es un acantilado encubierto, un abismo disfrazado de planicie. Mi mano te sabe y se sabe. Y también es un puño y nos escuda. 

domingo, 12 de septiembre de 2010

Claves para transitar por un domingo.

Bach en cristalería. Siete cubiertos en la mesa para descubrir el sabor a pino de la mañana. El café a mi derecha, sentado como el hijo de Dios. Los cigarros a la izquierda, diablos dispuestos a quemarse lento en el infierno de mis labios. Todo el tintineo de la era emitiendo luces gama: pulsares, supernovas, estrellas que saben morir y apagarse. El pausado acomodo de los músculos; cruje el cuello; se distienden los músculos; el cabello libera su carga estática; el musgo se desprende y deja sus fideos sobre una camisa amarilla. Es domingo, un día hecho para ridiculizar al mundo. Un día que sin más día que una pila indómita de minutos crea una represa peculiar para ahogarnos de nada, de vida, de ser, de ansiedad o tedio. Es la desesperación disfrazada de tortuga que muda ya su caparazón hacia la tarde. 

sábado, 11 de septiembre de 2010

Tara metafísica


Te olvidas en los decibles que el tímpano ignora. Hielo. Piedra. Yo estoy detrás de un antifaz: el que hiende mi rostro profundo. Tú no esperas, ni te esperas, ni te esperan. Eres un gesto. La saciedad te sonríe. Te cueces en instantes crudos. Orbitas libre de galaxias. Gravitas. Te enroscas. Tuerca que es el día. Giro donde la luz se precipitó. Eres el tiempo y estás pasando en las horas, los minutos y los segundos.
Odio que te renueves. 

viernes, 10 de septiembre de 2010

Tuve un viernes


Tuve un viernes. Vivía plácidamente en mis pupilas.  Muy temprano salió a ver la lluvia. Caminó por calles mojadas buscando un café. Sonreía al pisar los charcos donde se reflejaba el final de la semana laboral. Extendía sus brazos para abrazar a su padre, el ocio. Se sentó a esperar a que el mundo hiciera fila frente a la mesa donde se puso a despachar. Encendió un cigarrillo tras otro. Se alimentó de un pájaro que no encontró una forma mejor de ser, distinta a la quietud; al no vuelo; el quedarse y murmurar historias de monumento y trino. Lo tuve y lo quise. Sabía que era mínimo y frágil. Intuí que debía abandonarme con la cobardía que lo hace un domingo cuando el lunes lo acecha con su ya famosa inutilidad.
Entonces lo dejé ir y volví adentro, a ese lugar sin calendarios donde la inercia no mata, simplemente te transforma en olvido.  

jueves, 9 de septiembre de 2010

Cotidiano inaceptable.


Despertar y correr a la ducha. Quedarnos callados: sin café, sin música, sin un gesto, sin una caricia, sin retomar algún filón de la noche. Emprender la huida sin tener tiempo de mirar la banqueta. No caer de sueño, ni de ensueño. Dar marcha al auto y echarlo a andar. Oír vagamente la radio. Eludir imbéciles para llegar a salvo a la siguiente ausencia. Ocuparla. Vivirla. Frotarla. Y llegar a la noche con toda la miseria reunida en los párpados. Sin la pregunta esencial sobre si esta es la mejor de las muertes que podemos darnos, o si tan sólo es la que hay.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

8,9.10

Hoy vamos a jugar a nada. Por tanto, será todo lo que ocurra. En tal ocurrencia sucederán de forma simultánea el pasado, el presente y el futuro. Tú te escabullirás en un tubo de gusano. Quizá yo me quede a curvar un espacio. La vida tendrá que estirarse, desacostumbrarse a ser un tejido plano, una retícula hermética, un palo. Una vez que, cual polvo de estrellas, estemos cernidos en el viento, tendremos la capacidad para habitar tantas cosas, que nos será imposible reconocernos, sino es a través de un grano, una molécula o una partícula. Dicen que las sensaciones son cualquier cosa. Algo mayúsculo o minúsculo. Que se definen sensorialmente, dime ¿cómo haremos para reunir la nuestra, pegarla como un jarrón y ponerla encima de la mesa del tiempo donde, habremos de admirarla? Acaso no lo sepamos, acaso por no saber, no se romperá el encanto. El juego habrá de jugarnos. El juego habrá de seguir después de nosotros. El juego, nos juega ya, es miércoles 8 del 9 del 10.

martes, 7 de septiembre de 2010

El martes es un espectro gris. Se toma con fresca calma sus labores de día infértil. Se riega y rasga verticalmente. Oscurece con anticipación. Enfría los dedos de los pies y la punta de los pensamientos. Cada día ha de tener una vocación peculiar para concentrar en un segundo sensaciones del tipo fuga y coladera. Yo estoy inconforme con su faceta escurridiza. Con su corazón infame. Con su modo único de aparecer frío e indoloro. Quiero un martes que se muera de vida. Quiero un día en el día, donde pueda amanecer a mis anchas y celebrar que, después de todo, no es el tiempo lo que está pasando, ni yo, ni tú, ni nosotros. Saber que nada más pasa un martes anodino. 

domingo, 5 de septiembre de 2010

Paloma Cumplido en el primer piso



Es domingo y me da hueva escribir. Pero no por ello, dejaré de difundir y compartir con ustedes el gran talento de una muy querida amiga.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Cerradura.

Queremos mirar por ahí. Pasar al otro lado sin ser vistos. Expandirnos hasta languidecer. Salir del ojo. Cruzar puertas. Rascar al otro lado.
En cambio, no queremos, ni por error, ir adentro de la pupila propia y contemplar a ojos cerrados, al monstruo que nos habita.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Otras palabras.

Liquen. Kril. Sedimento. Un poco de Ingrid Olava. Cochabamba. Enhiesta. Lola, lula: bye. Pie. Pay. Pal. Un prado. Tres botellas con plantas acuáticas. Insectos. Gata. Parpadeo e intermitencia de luz roja-baja. Lo mini y lo más. Lo mismo das. ETA. Pet ¡ah! diantre y vientre: Dante. Alcaloide helicoidal. Bala. Torniquete. 
Un azul propio y con C. Terraplén liso. Muro para trepar. Verticalidad dada. Ahí te oculto. 
Sólo yo sé lo que digo.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Ahí está el detalle.


Hoy sentí cuando estabas juntando piedras del río. Hiciste visible la humedad. Le diste aroma al cristal inodoro del medio día. Le pusiste al silencio la sonoridad necesaria para que percutiera libre en la cuadrícula subliminal de una pantalla. Creaste un símbolo por encima del perro binario que ladra unos y ceros. Apareciste en forma de impulso electrónico. Convertirse la sombra del polvo en un pico nevado. Marcaste la diferencia entre mirar por descuido y observar detalladamente la conversión de la inercia en movimiento con sentido.
Y así, tan breve y tan tú, provocaste mi sonrisa. Y la de mi corazón, tan breve y tan tuyo. 

martes, 31 de agosto de 2010

Otro yo.



Ese de ahí es el de aquí.
Es también el que está allá.
El que se asoma por el arco.
El que ve amanecer
sin decir
buenas noches.

lunes, 30 de agosto de 2010

Este no es otro ensayo de la ceguera.

Puedo hacer un dibujo de tu rostro cada día. De frente. De perfil. El detalle de una nariz respingada. Lo feliz de la almendra, horizontalmente ovalada, cuando estás contemplativa. El movimiento de la boca. Lo que hacen tus cejas ante la menor sospecha del paso de un insecto nocivo por el techo.
Incluso puedo hacer un trazo casi perfecto de aquellas cosas que suceden mientras cerramos los ojos. Un lenguaje, -uno muy otro-, se desplaza de forma misteriosa, crea erizos de luz, puños de fotones. Crea planicies, picos, cascadas, selvas; con todo y fauna incluida.
Que no miremos, no significa que los paisajes que creamos, desaparezcan: dan pie a otros mundos. Los he visto en lo más profundo y quieto del beso. En la más nítida oscuridad de la piel.
Es una pena que tenga que ser yo, quien tenga tan claros los detalles que te pierdes de ti cuando me besas. Pero no podrás evitarlo.

Musgo.



Una legión microscópica.
Lo infinitesimal.
Mundo donde tú no.
Apariencia que engaña.
Efecto.
Paso del agua.
Llámale como quieras.
No sabrás por qué vive.

viernes, 27 de agosto de 2010

Cara de culo en Baires.


Yo fui algo parecido a eso. Hablaba de algo parecido a eso. Vivía en un edificio que era algo parecido a eso. Caminaba por veredas que se parecían a eso. Pendejeaba como alguien parecido a eso. Era eso, fui eso.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Esto no corresponde a una lógica binaria


¿Por qué no estuviste? Como lo están las raíces. Como lo hacen las manijas de las puertas. Como acuden a la cita el ocaso y el sol. ¿Por qué preferiste dejarme sobre una línea desdibujada, a merced de un grito, bajo calores sofocantes, expuesto al cilicio de los días?
Flotante.
Viste mi mano, era la tuya. Comiste del mismo minuto donde yo sorbía el tiempo. Estábamos ahí, un par de narices pertrechadas una frente a la otra, luchando por respirar en un mundo asfixiante. Dos lenguas y dos bocas que no sabían estar quietas. Los oídos atentos a las palabras. Las palabras perfeccionando cada sentido. Éramos dos, y no sólo eso: el intento por construir desde el cero el uno. 
Y aún así, es no. O quién sabe.

martes, 24 de agosto de 2010

Palabras para un corazón fragmentado



He estado ahí, donde ahora estás, secándote. Te imagino mientras buscas entre tus zapatos un rastro de polvo que te recuerde que un día, llegaste de otra parte, a la habitación donde ahora te encojes.
Sé que no quieres olvidar de dónde provienes: de un lugar sin mundo. Y que en el fondo, quieres volver a él: a ese mundo donde huele a campo; donde las mañanas son sinfonías de luz; donde los árboles se posan en los pájaros; donde la belleza estalla y es color; donde el horizonte brota como una lluvia horizontal interminable.
También sé, que a veces te dueles de ti. Que miras a todas partes con ojos que desean borrarlo todo. Que las preguntas inundan el cuarto oscuro. Que nada te ilumina, y entonces, te ovillas en el silencio, en la taquicardia, en el control.
Eso es absurdo.
Tómalo con calma. Como te dije, “en la palma de tu mano”. Tómalo como si fuese un sapito; reconstrúyelo, dale vida, haz magia con él, recupéralo, trázalo; es bello, es inmenso, no tiene fondo, es tuyo, tu reflejo, sangre de ti.
Tu corazón.
Y cuando finalmente esté completo, fuerte y vibrante: entonces sí, úsalo sin miedo. 

lunes, 23 de agosto de 2010

Any time


Sabes, nuestra noche ya no es tal. Tiene la forma del día, cuando avanza sobre un muro amarillo: caracol que trepa en busca de infinito. Tiene la curva de una ventana: frontera calzada como una ceja al humo. Tiene una azotea y una mano. Nuestra noche se va saliendo de control. Se expande con la sed de la fibra óptica. Nos mira con ojo de satélite. Tiene la voz de una ciudad ruidosa que ya no camina –se abandonó en un extremo, pasó a ser un clóset inmenso, el que ya no abres.  Ahora bien, no debemos alarmarnos. Dejemos que siga así, persiguiéndonos durante horas. Permitámosle ser ese fantasma del que huyen todos, porque huyen de sí mismos. Dejémosle migajas en el suelo, que nuestro rastro sea preciso, que llegue una y otra vez a nuestra memoria para revivirnos en su incendio. 
Permitámosle que, una y otra vez, nos tome por sorpresa a cualquier hora del día.  

domingo, 22 de agosto de 2010

Ayer o mañana


Hoy, no debió ser más que la hoja seca.
La hojarasca y la hoja crujiendo.
El ruido caído bajo el talón.
Los pies caminando en veredas sucias.
La luz en estado de mucosidad.
La hora seca,
crujiendo con el ceño enfermo
de tanto domingo.
Una baba de demiurgo.
Un presagio.
Hoy debió ser ayer o mañana.

sábado, 21 de agosto de 2010

Chau sábado...


Átame con brazos de libélula. Ahógame en alcohol. Vomítame encima. Deja que se caiga una viga en mi cráneo –la que han curvado las termitas como un fideo gigante. Deja la ventana abierta para que una legión de mosquitos me infecten de dengue. Dame las aceitunas saladas, las que tienen el corazón de anchoa. Despiértame de madrugada nomás para decirme que son las cinco. Hazte pato. Róncame al oído. Dame la espalda. Vive tu vida desde mi boca. Vive tu boca desde mi vida. Rumia palabras de mi lengua: regurgítalas, son piedras. Saca los dientes, y ponlos a morderme. Dale a tus uñas un segundo aire, rascándome. Que tus labios blasfemen en mi nombre: ningún dios va a ofenderse. 
Es sábado, estoy de fiesta, hay que celebrarlo.

viernes, 20 de agosto de 2010

Palabras para mi Dueña.


Si esta noche no te muerdo, no habrá vértigo: Caeré de nada. Si las horas pasan, y  te contemplo con otro fuego que no sea el de mis ojos, nada habrá sido incendiado.
Si permanezco sentado, sólo seré la idea de un hombre sentado y sin sentido. Si me pongo de pie, y doy vueltas como una oruga ciega, no tendré tu árbol: el Olmo que te eleva.
Si no te desvisto, desde mi propia mirada desnuda ¿Cómo sabrás que soy yo en quien te abrevias como un signo, en quien te desdoblas, repliegas y arrullas? Si callara, por alguna razón ajena a la de mis manos al tocarte ¿te reconocerías invocada en mis silencios?.
Si no fuera eterno lo que eterniza el deseo. Si desear-nos, no fuese una muerte que matamos sudando, mordiendo, arañando, apretando. Si vivir y vivirnos, no fuese convulsionar el río humano, más allá de sus ritos, más allá de sus ciclos, en deltas y bifurcaciones inesperadas.
Si todo eso no fuese, ¿qué sería de nos, dueña mía? Dímelo ahora, de frente, ahora que voy directo a tu boca. 

La enfermedad más perfecta.

Tengo los síntomas de un ser vivo. Me desangro. Moqueo. Abro los ojos y me impregno de suciedad. El movimiento fluye. Toco y siento. Eventualmente soy razonable. Reproduzco uno a uno todos los procesos de un ser viviente: alimentarme, reproducirme, defecar. 
Estar vivo es sospechosamente sencillo. Vivir es una inercia colosal. Existir puede llegar a ser una broma de mal gusto. Estar: en, por, para. El otro no es un milagro, es un esfuerzo de mi fe. ¿Quién pasea su desnudez en mi jardín imperfecto? Hay miles de millones de hipótesis. Todas incorrectas. Todas, parte de la sintomatología. 
La realidad es nuestra enfermedad más perfecta. 

jueves, 19 de agosto de 2010

Lo que en realidad no se ve.


Oculto. Susurrante. Ausente. La parte de abajo de la maceta. Lo que no ves del tallo. El tic, sin el tac. Clandestino. Silente. Decapitado. El sello antes del sobre. La parte trasera. El paladar del tapón. Nuclear. Quieto. Invisible. Lo que hace al aire. Trasparencia abrumada. Condición de agua. Aislado. Preso. Exiliado. Habitante de la sombra. Estela cuántica. Revelación abortada. Piedra. Hielo. Vidrio. Lo que estando encuentra un modo de no estar.
Así vienes. Así te vas. Así puedo nombrarte. Así eres un dios de pacotilla. Un caballo elegante. Un diablo en los ojos del chamán.
Un ello.

martes, 17 de agosto de 2010

Magusa


Eres Bastet. También te llaman Miau. Me recuerdas a Maneki Neko en el movimiento hipnótico vertical de su garra. A veces, cuando el mundo se congracia con su calidad de agujero infernal, llegas en la mente de Bekeneko y huyo de ti. Pero tú siempre me encuentras. Saltas, muerdes, arañas, corres. Una pelota de acrílico te evade. Una mosca. Sacar la arena del arenero.
Yo, sentado te observo. Sé que regresarás maullando. Y claro, tu fiel esclavo te alimentará porque te ama.

Las fronteras de lo humano

Lapidación. Tu madre rota. Un hilo de veneno en el agua. Jornadas de un dólar en China. Migración y la nueva cacería. Tu inexistencia ante las alas flotantes del poder financiero. El plástico y su padre derramado, el petróleo. Una bala en la sien del ajuste de cuentas. El tráfico de la inocencia. Tu hermano muerto. El pasado presente. Lo absurdo ondeando en cada asta. La barbarie de no amar. Otra bomba. Tus ojos cegados. La mentira. El arrebato del tiempo. La fría soledad del plato. Nuevamente la muerte, ahora ahogada. Dios, penetrando infantes con el cuerpo de sus súbditos. El poder. El silencio. La estafa. El odio. Pakistán. 
Y mira si seremos idiotas cuando dudamos darnos la mano para caminar juntos, más allá de la frontera de lo humano. 

lunes, 16 de agosto de 2010

Forma correcta de comenzar un Lunes


Salí a fumarme a la terraza. La terraza mordía una pipa. Salí para que algunos pensaran que iba entrando. Por ejemplo, aquella monja; caminaba hacia el norte envuelta en un muro impenetrable de tela azul; lenta, como si cargara a dios en la espalda.
Salí y entré de mi memoria con la lengua, con las piernas, con el sueño; acostado, de pie, arriba y abajo; húmedo, acelerado, sonriente, seco; desdoblando capas, dimensiones y mundos, en un ritmo sincopado.
Salí para ver si era cierto que las mañanas pertenecen a las aves. Entré para darle un nuevo sentido a una taza de café. Para untar de chabacano la panacea de las ocho y treinta y también, para orquestar una guerra contra el silencio.
Cogí el “Libro del anhelo” –oía tu vida entre una lluvia falsa, en ciertos objetos, tras los ecos que las cosas dejan–; unas letras revelaron de otro modo mi entrar y salir. Hablaban de un hombre oculto tras un monje. De un hombre que recordaba a una mujer al recordarse a sí mismo. Este hombre había huido del mundo. O eso creía. El mundo está en el ir y venir. Entra y sale y queda.
Esta mañana de lunes, el mundo decidió adentrarse profundamente en mí. Lo recibí sin salir. Lo dejé estacionarse. Quiero que se quede ahí. Y ya.