lunes, 13 de septiembre de 2010

A mano


Tengo esto: un puño cerrado. De un extremo a otro extremo tiene riscos. La yema blanda, la uña corta, la huella onda. Erguido es como un cactus –la aridez lo envuelve, una lógica de desierto constriñe sus falanges– es un sobreviviente. La mano extendida es un puño derrotado. Cuando golpea crea un palmar. Sabe tapar el sol con un dedo. Se desliza para acariciar. Se tiende sábana adentro, contacta lo frágil, pasa encima de lo febril con una suavidad de hoja. Mi mano quiere la tuya. Al entrelazarse te dice “todo va a estar bien”. No va a soltarte. Sabe que el mundo es un acantilado encubierto, un abismo disfrazado de planicie. Mi mano te sabe y se sabe. Y también es un puño y nos escuda. 

6 comentarios:

ataraxia dijo...

cerrar los ojos
abrirlos
volver a parpadear

a veces todas las cosas que siempre buscaste se encuentran dentro del alcance de tus manos

yo temí cerrar los ojos y que queden fuera de ellos

Aquí su pendejo dijo...

Qué gran frase, la del cierre. Efectivamente, hasta lo que no puedes tocar, lo puedes palpar.

ataraxia dijo...

acias por lo de gran frase (voy a creer que no siempre disparo al aire).

Aquí su pendejo dijo...

No lo hace.

Furtiva dijo...

El poder de lo que es nuestro. :)

Aquí su pendejo dijo...

Estar a mano.