domingo, 29 de abril de 2012

Invocarnos


Hay ciertas cosas de mí que me molestan.
Ser un marsupial que nació ciego
y que teme salir de la bolsa;
no llegar a las tetas oscuras del tabaco,
resbalar y no caer.
Hay ciertas cosas de ti que amo.
Tu propensión a ser mía siendo tuya.
El esplendor de tu cuerpo
bellamente dosificado
en gotas de sexo.
El domingo es un techo corredizo.
Debajo de él
todo es un estanque sin ranas,
un sonido emitido por un tambor apolillado.
Hay ciertas cosas que nos hacen.
La ciudad y la no ciudad.
Los espacios que negamos
para pertrecharnos desnudos
frente al ventilador
y no saber nada
porque sabemos todo
o todo lo tenemos
porque dentro de esa nada
habita un absoluto.
Hay una forma rotunda de averiguar
en dónde estamos
y cuando cierras los ojos y yo los cierro
aparecemos.
De ahí el tacto, o este respiro.
Mientras tanto
no me canso
de invocarnos. 

sábado, 31 de marzo de 2012


No voy a negarte que un hombre como yo también siente celos. Llegan a mí de una manera insospechada y poco coherente. Por ejemplo, envidio al vecino desconocido que vive en la calle Bruselas, esquina González Luna; afuera de su casa hay una Jacaranda que en Marzo despunta orgullosa.
La puedo ver cuando salgo a fumar, sentado en una banqueta que también es una suerte de banquillo de los acusados, la observo mientras me vuelvo humo y el humo se vuelve olvido.
O como aquella vez que me dijiste que saldrías con anciano de ochenta años, sobreviviente de Auswicht al que, sin conocer imaginaba hermoso, vivo y lleno de cicatrices. Imaginé que sus heridas abiertas conectaban con tus heridas abiertas. Que los sesenta años que te llevaba lo volvían un joven ante tus ojos ávidos de conocimiento.
Ese día y otros más, en lo más recóndito de mi condición humana escudriñé el mensaje secreto de la vida que nos dice que, no importa el tiempo sino la lentitud con que nos anda o la rapidez con que nos permite llegar al otro para quedarnos ahí.

jueves, 29 de marzo de 2012

¿Quién soy yo?


Ahora veo a través de esa chica que sube la fotografía trescientos veintisiete a su perfil de instagram. Sí, digo veo a través, porque ya no la veo más a ella. Desapareció. Se volvió un ángulo fijo, alterado únicamente por un color diferente de tanga o de sostén. Sus curvas hermosas y la perfección de sus nalgas están más allá de lo obsceno y yo tan solo estoy más acá de mí. Ya no me interesa poseerla. Tampoco me relamo los bigotes imaginando el festín que todo buen hombre podría darse en tan suculento cuerpo.
Se trata de un no encuentro entre dos desconocidos en pleno fin del mundo, en el que palabras como conectividad, ancho de banda, megas, acceso, wi fi, portabilidad y otros, se disputan lo que queda de nuestras vidas.
Aquí no importa lo real o lo irreal, mucho menos lo verdadero. Los aspectos estéticos y la composición fotográfica han pasado a un segundo plano. Su exhibicionismo y mi curiosidad han suplantado su nombre o el mío.
Y la verdad es que ante una situación como esta aplaudo al perro que ha venido a sentarse a mis pies. Huele mal, intenta lamerme, mueve la cola. Yo cojo un trozo de pan y se lo echo al piso.
Pide más, tal y como la desconocida pide más ojos, más miradas, quizá más puñetas, más pensamientos lascivos, y díganme ¿Quién soy yo para negarles a ambos lo que anhelan?

miércoles, 28 de marzo de 2012

Des a pares ser.


Yo solía elevarme tal y como lo hacen las bolsas de plástico en los callejones. Era cosa de dejar a una ráfaga de aire ser una ráfaga de aire, sin preguntarle de qué parte del viento venía, ni a qué parte de la nada me pretendía llevar. 
También solía quedarme quieto como un corcho al que no se le sonríe, y del que unas uñas adiestradas y disciplinadas, podían, en un corto lapso de tiempo, convertir en una breve pila de escombros. 
No sé si en eso radica una parte de mi felicidad o de mi tristeza, solo describo episodios del ser y del estar. 
Ahora bien, las bolsas de plástico y los corchos de botellas no agotan las metáforas. Tampoco pretendo que así sea, pero acaso alguien ha advertido que estos simples objetos desafían nuestra enferma idea de libertad o sea yo un payaso que eso cree, acaso eso suceda o no, mi idea de ser y estar está y es cada vez más lejana y ridícula. 
Quizá por eso desaparezco: des a par es ser. 

martes, 27 de marzo de 2012

Para qué

Había una vez un pasado, es decir, un lugar y un momento donde era justo pensar para qué. Luego vino el giro del mundo, ese mismo giro que ya antes había creado otro pasado, otro presente y otro futuro. Existió la costilla de Adán y la uña miserable del paraíso. Pero ese cuento ya lo abortamos. Un día como este y como mañana, se creó un abismo: un lugar y un momento donde es justo pensar para qué. Y donde, dolorosamente, tampoco hay respuesta.
Entonces pregunto ¿Para qué me pregunto para qué si al final sigo sumergido en esa pausa nauseabunda que la existencia define como instante y que yo llamo dolor?

lunes, 26 de marzo de 2012

Lo que no sé del adiós.


Cada cosa posee un modo único da dar el último adiós. Por ejemplo el día, va y viene de la mano de un respiro. Es llegada y partida, movimiento aparente o quietud aparente. No obstante pienso en círculos. Deja tú la perfección de su desplante. Su huella anillada. Al romperlo, acude la ondulación y la espiral. Entonces ahí tienes una forma de locura renovable, una prosperidad: la de lo indeleble. A veces siento que mi mente juega a ser una pieza de un vals bizarro. Algo que en el agua. Algo que en el eco.
Lo que no sé del adiós.

viernes, 25 de noviembre de 2011

25 de noviembre


11:33

¿Con quién tengo que hablar para callarme? Escribo por ahí, con la esperanza de la que la escritura responda la pregunta. Porque se sabe, escribimos para exorcizar, para mantener a raya al monstruo, para aquietar a la bestia, para sostener el equilibrio del mundo. Y sin embargo, la voz interior cada vez es más grave. Su volumen rompe desde adentro los tímpanos. El cerebro se ataranta. El espíritu enflaquece y en ese momento, estamos a merced de la nada.

Hay demonios que no renuncian a su forma original. Bellos, alados, imponen su imagen para consumar su vocación. La demonología y la teología coinciden en el carácter manipulador del diablo. Engaña, dicen. El humano cae. La manzana u otra cosa, son vehículos metafóricos que animan la fábula de la seducción.

¿Somos débiles o la debilidad es una fuerza que nos impulsa a oponernos a las imposiciones de una lógica que nos sitúa contranatura, en el camino inverso, en un carril que no es opuesto, sino simplemente parcial?

Caminamos para sentir que quizá esa es la forma de quedarnos quietos. El paisaje pasa en los rabillos de los ojos. El tiempo se acumula y no sabemos a dónde llegar.

Callamos.