viernes, 16 de julio de 2010

viernes.

No he llegado a ser un cuerpo. Soy una pastilla de jabón neutro resbalando de tus manos. También observo. Estiro el ojo hacia la calle. Luego lo regreso adentro, al párpado-muro; a un punto ciego.
Siempre tengo una mano libre para cortarme la respiración en caso de nostalgias. Vivo en una mansión hecha de zapatos, de pasos y caminos. Por allá un parque; un edificio completo, mis venas; países incrustados como várices en mi piel. En otra esquina el mar del Atlántico. Costas que son costras. Arena y yo aquí. El gran Pacífico, en hibernación y ola.
Sé que el norte aúlla en un cajón. Mi pasaporte tiene los sellos de un extraviado. Un exilio comienza a crecerme en las uñas: quiero rasgar toda distancia.
En estos días sé que perdí algo más que un bisturí (aquel con que hacía cortes, tajos y profundas incisiones al absurdo). 
Ya no sé mirar a través de....
Ni por, para, hasta.
Según sé.

4 comentarios:

Miguel Ángel Garrido dijo...

¡Muy chingón!

Me gusta sobre todo lo del bisturí y las preposiciones del final.

Aquí su pendejo dijo...

Gracias Miguel..!
abrazo

Ara Cielo dijo...

Debo empezar a desocupar una mano siempre, por lo mismo.

Bella esta entrada o salida o...


¡Saludos!

Aquí su pendejo dijo...

Es una forma sensata de darle una razón de ser, además de poder sostener botellas y cigarrillos.