domingo, 4 de julio de 2010

El superpoder de no darme a entender.


El peso cae por su todo: a tiempo. El silencio no sabe zafarse del silbato. La imagen no perdura más allá de su espejismo. Labios sellan un ellos mordido, negado, de y por comisura azul. Ahogo el agua a bocanadas. Aire pertrechado en un puño invisible. Envaso el viento. Reviento a dienta y siniestra. Floto en la conspiración de la nariz constipada. Moco. Lloriqueo ¿Alguna otra verdad que estornudar? Granizan cartas sin destinatario. Hoy fue un día gris y a decir verdad, bello. Otro soy, siendo nada, en capítulos que disminuyen mi capacidad telúrica. 
Ese sismo de ayer, yerto ya en epicentros sin. 

2 comentarios:

ataraxia dijo...

no tengo al lenguaje y esa falta no me desconsuela.
que (te) tiemble.

Aquí su pendejo dijo...

Caray, es de esos días en que, más que escritura automática es un reflejo de un espíritu anudado, complejo y en pleno extravío.