sábado, 31 de julio de 2010

Olmo



Olmo.
Ese será tu nombre. Crecerás aquí. Me darás sombra cuando lo pida. Yo te libraré de la lengua sayagueza y del León que duerme en la provincia de Zamora.
He nacido tantas veces que sólo me resta ser hoja. Un líquido que, de tan verde, duela cortarlo. O un blanco bruñido. O un gris escalado, duro.
Tú eres tronco. Tu color es corteza. Sin embargo, mides mis brazos en su borde mismo, llegar a tu cavidad, y dar la vuelta.
Te sé, como una rodilla esquinada en el llegar.
Ayer ibas de raíces abiertas. Pájaros, como números impares, se alinearon en una tercia de navajas.
Yo volé, luego caí: así es como regresé a tus raíces y fui tu árbol, tu Roble.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso (((0)))

Furtiva dijo...

Amor vegetal que entiende de savias y ritmos lentos. Fuerte, sólido, más allá del tiempo de los hombres.

Algo para desear.

Aquí su pendejo dijo...

Amor raíz.

Mechi.- dijo...

Los olmos siempre me resultaron inspiradores...