sábado, 31 de julio de 2010

No oh che.

Dejando de lado que la cocaína fue mala, la fiesta fue buena. Ibas y venías en renglones que no conocía. Un adiós. Otros gestos. La gente volcándose en proverbios muertos. Los otros allá, siempre otros, en sus esquinas. Yo apretando la mandíbula conteniendo un beso que no llegó. Tú, no sé, dormida sobre un galgo mientras la liebre cruzaba la carretera. Ellos, todos, nadie, uno. La noche me dejó en una orilla por demás conocida. Mi bicicleta dormirá bajo una carpa de un bar. Gracias mundo, gracias. Te declaro mi amor, pero no tengo agallas para dejarte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El tiempo es el único culpable de mi resistencia, siempre creo que hay mucho más que vivir como para aceptar tan rápido lo mucho que amo. Y es el propio tiempo quien me da la razón de lo errada que suelo estar.