sábado, 26 de junio de 2010

De cómo un sábado se va la mierda

Dispone su partida: es una rata infeliz emergiendo de una cloaca. Desciende de un cable que no tocará tierra. Su aspa me toca a mí: el tajo es suave, el dolor es lento, la herida se ha verificado.
La oscuridad lo dilata más que una boca sin pregunta. El ojo, amaestrado en no saber, sabe lo que pasa y sabe que es nada; esa nada que al saberla infecta todo, y no es todo; ese todo que con la nada sirve el trago final: te amo amnesia.
¿Por qué no estás?
Se distiende y estrecha. Se va. Se seca. Se extingue. No Es, o, si acaso, es no siendo.
Hoy me senté a ver su odiosa retirada. Mis brazos nunca estuvieron más cruzados, ni más mudos, ni más olvidados.
Francamente encuentro admirable no haber muerto hoy. 

2 comentarios:

ataraxia dijo...

el horror de no encontrar abrazos en los brazos
tiemblo
como con miedo
como un mar repleto de sargazos
pero el querer es temblar

a veces.

Aquí su pendejo dijo...

Los días sin días, Analía.