domingo, 20 de junio de 2010

Atardecer




Hoy me regalaste un atardecer “mira el cielo” me escribiste. Vi el poniente, su rugido azul violentado por tonos rojos.
¿Quién lo puso en tus ojos? ¿Quién lo hizo verde? ¿Cómo remó hasta aquí?
Prometí verte ahí cada tarde y así lo haré. También, te dije que tendríamos muchas tardes para abandonarnos a la contemplación de ese cielo que definiste como una gama entre Picasso, Monet, Dalí, Rembrandt.
Sonreí. Lo sabes.
Tu estarás de frente al sol que cae, serás la luz que buscaré para mitigar las sombras que deja la noche humana.
Tomaré tu mano, luminoso haz. Resplandor por doquier. Entre tus dedos el universo es tan basto y tan profundo que me pierdo en él, para hallarme en ti.
Entonces sí, la vida puede continuar.

5 comentarios:

Confesiones, confusiones y seducción dijo...

La eternidad puede continuar cuando la vida nos da una tregua para que un atardecer nos contemple.

Confesiones, confusiones y seducción dijo...

Gracias por tantos atardeceres iluminados con letras.

Aquí su pendejo dijo...

De nada. Se hace tarde.

Darinka Rodríguez dijo...

Tarde llegas. De tarde en tarde la tarde atardece de ti.

No tardes más. No retardes la tarde.

Atardece de acuarelas, como esta tarde.

Qué bonito. Mucha tarde de mucho verano.

Aquí su pendejo dijo...

Lindo Darinka, escrito desde una bicicleta que ve al sol ponerse.
saludos.