sábado, 27 de febrero de 2010
consecuencias de tomar café
viernes, 26 de febrero de 2010
contemplación
jueves, 25 de febrero de 2010
Odio
miércoles, 24 de febrero de 2010
pertinencia del astringosol
martes, 23 de febrero de 2010
mano a mano
lunes, 22 de febrero de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
Yo en 1968

sábado, 20 de febrero de 2010
viernes, 19 de febrero de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
carnicería
miércoles, 17 de febrero de 2010
alma en fuga
lunes, 15 de febrero de 2010
Punto y aparte.
Me fui volviendo una parte aparte –de mí, de todo. Una horma de carne y huesos prensando mi existencia. Mis siglas surgieron de un puñado de letras; destino ceñido por un nombre, un nombre más en la incontable lista de lo humano. Molde único, vasija auténtica, destino común. Jugué todos los juegos que juega la humanidad. Aplaudí reiteradamente el show de la vida, sentado en la primera fila del circo bestial. No pude controlar lo incontrolable, pero supe dejar intacta mi facilidad de equivocarme en nombre propio. Jugué a ser y fui. Vaya gratuidad. Y pensar que muchos se insuflan ante ello, cuando es por ello que deberían sentirse desgraciados. No puedo seguir jugando; si acaso juzgando. Muerto Dios quedamos sus huérfanos para dorarnos la píldora y adorarnos mientras dure.
Punto y aparte.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Mis pies conocen el arte de pararse en medio de la multitud en el momento preciso en que una estampida está por comenzar. Hay algo de otero en esa suerte animal de la manada que trota en diversas direcciones, algo de planicie, algo muy altiplano que los urge a desplazarse. Una añoranza, o mejor dicho una falsa nostalgia por el siglo pasado me hace preguntarme qué hubiera hecho yo de haber estado en la situación de Tomás. Praga, para acabar pronto, es la arena onírica donde sitúo la hipótesis. Un poco por Kundera, que como bien se sabe, domesticó el arte de llorar políticamente. Pero no, ahí no estaba yo y no podía imaginarme como Tomás y Tereza, o como Tomás y Sabina. En mi propia levedad, los tanques que me invaden distan mucho de ser soviéticos. Un fuego diferente y una lucha distinta me orilla a ser un eterno desplazado. Mi propia Ginebra se construye con fuego amigo, desde la trinchera de al lado, en el más puro tiroteo de la confusión, en la más grave herida que jamás me hayan hecho. Y sí, si mis pies aprendieron el arte de pararse en medio de la multitud sin miedo, también aprenderán a caminar, a correr y a irse a la chingada. Al fin y al cabo Tomás no pudo determinar su romántico final, estampado en el parabrisas de su vieja camioneta checoslovaca. Ni yo el mío, huyendo contra el viento, vivo, pero no tanto.
martes, 9 de febrero de 2010
Naufragio
El aire tiene venas de gas. Un viento neurótico toma los árboles por asalto; yo estoy aquí contemplándolo sin más. Cada vidrio roto es evidencia de un cielo frágil, de una transparencia que permite ingresar al mundo para luego sacarte de él con un respiro. Hay ciertas cosas que nos vuelven fragilidad: escribir ciertas palabras que aúllan; tocar ciertas cosas que cortan; mirar hacia la nada y redescubrir la pasión del ojo por no mirar. Los reflejos son juicios mecánicos; piensas en blanco y aparece una nube; dices elefante y sueñas con trompetas; te dicen sol y quedas ciego. Viniste aquí a desollar las uvas. Llegaste de un mar que se hacía bahía en una noche estrellada. Evitaste risco, evadiste corales pero no hay forma de evitar esta catástrofe.
lunes, 8 de febrero de 2010
El viajero y su sombra
domingo, 7 de febrero de 2010
Elliot Smith, mood
viernes, 5 de febrero de 2010
El político de banqueta...
Adoro ver esos viejos rostros conocidos, hinchados por el tiempo; cuerpos flácidos y obesos que contienen a un animal derrotado; recuerdo sus días menos malos –sería injusto llamar a esos, días de gloria –cuando en pleno fervor del poder alzaban el buche, la voz y la mirada como si encarnaran a una divinidad. Para mí nunca pasaron de ser unos pobres oportunistas. Seres grises como una tubería, cuyas personalidades fallidas encontraron en lo público un protagonismo inmerecido. Los escuchas hablar y te da asco compartir el mismo idioma; ciertos cerdos deberían mascullar y habría que tratarlos a patadas. El contraste es simple, pasaron de ser medianamente humanos a bestias intoxicadas por el poder. Ahora bien, el poder es una palabra demasiado golosa, muy empalagosa para bichos vulgares. De ser medianamente humanos se convirtieron en pequeños monstruos sin talento. Dictadorcitos de habitaciones pequeñas. Enanos insaciables que decrecen segundo a segundo. Y para no reír más por él, por esa basura que tengo frente a los ojos, termino este breve homenaje al político de banqueta.