Intolerante al artificio. Escéptico natural del pataleo ornamental que los ingenuos llaman “arte”. Enemigo público de la congregación malsana de espectadores apabullados por la miseria de la imagen. Intransigente ante el culto pueril de la técnica que transforma la nada, en otra igual. Indiferente a la pasión creadora de robots desechables. Implacable juez de esos seres patéticos, psicológicamente débiles, moralmente constreñidos, filosóficamente escleróticos. Feliz ante el agotamiento imparable de las ideas, las formas y los discursos. Sereno ante la caída inminente del valor simbólico. Conciente de la nulidad estética. Saciado del mundo, pleno de eternidad. Lejano a la rubéola falaz que envuelve al enfermo. Asqueado ante su pequeñez.
De todo un eco
-
Un libro que te regrese a tu vida, que se entreteja en tu respiración. Que
se imprima en tu DNA. Que te entregue todos los capítulos y te ceda las
llaves d...
Hace 6 años
1 comentario:
Nietzsche, demasiado Nietzsche.
Publicar un comentario