
Llegado el momento, el único gemido que el cerebro es capaz de dar corresponde a un “no” rotundo. Tu voz interior es la de un vegetal deshidratado. Te declaras enemigo de tu última neurona. Quieres lanzarte a un pozo de silencio donde nadie pregunte sobre el calentamiento global o el hambre. En esto no hay misterio: renunciaste a tu humanidad, estás donde muy pocos llegarán, en la gloria inclemente de la nada.
1 comentario:
Ay que bonitas uñas! Adonde fuisteS?
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