martes, 24 de noviembre de 2009

de cimas y simas

Mordí el pastel mucho antes que comenzara la fiesta. Desde entonces dejé de ser un contemporáneo. Fui ajeno a los llamados de esta era artificial, y de este mundo dado, que busca distraer su cansancio existencial a golpe de artificios. Muy pronto descubrí los secretos de la sorpresa; el mecanismo que produce la pus de la creatividad; la ilusión del cambio y del recambio habitando siempre en la superficie, habitado desde siempre por la superficie; olí el conformismo de la admiración, esa derrota sin resistencia de parte de un espíritu débil; la ceguera que, tiempo atrás, otros advirtieron, caería sobre la humanidad –ocaso de los ídolos, transmutación de los valores. Hoy respiro en muy pocos metros cuadrados, el planeta es una caja de zapatos, el aire es más limpio y compacto; más transparente, tiene su aliento. Me sostiene otra fe, me vive otro tiempo, me celebra otra vida. La cima en mi sima.

3 comentarios:

B. dijo...
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B. dijo...

La belleza de bastarse, finalmente.
De encontrar aliento, fuera de sí.
De estirar el brazo, y tocar.
Abrazo petiforro.

Petite dijo...

grande