domingo, 20 de marzo de 2011

Primavera 2011

Dicen que hoy el sol se inclina para lamer con precisión un pelo recostado. Una grieta, un muñón de roca, una equis de viento registran el descenso. Luz mineral, fiesta del alma, fuegos artificiales, banderas blancas, personas invisibles, oscuros gorupos agrupados en cimas temporales desde donde pretenden instaurar la dictadura del bufón. 
Todo sucede con precisión matemática. La migraña científica danza con el fantasma de una moral siempre dispuesta a devorarse desde dentro. Dejaré de lado esa forma edulcorada de magia y fragilidad para instaurarme como paralelo y latitud de otro giro. Es importante, al menos para mí, engullir el breve incendio universal de un modo distinto. Sin ramas, lechuzas, ni ropa blanca. Hacerlo desde la quietud, en la intimidad, registrarlo sobre mi propia piedra sedienta; desde el incómodo ángulo de un hombre que desborda el tiempo porque ha decidido acudir a citas igualmente luminosas, pero decididamente más reales. 
Para ello habré de retraer el tiempo, recrear los movimientos irregulares de un planeta de agua salada, la punta más verde de una montaña que de tan sólida, tiende a resquebrajarse si la tocas. No tengo un plan. Esta vez orbitaré educadamente. Habré de controlar la cauda fragmentada que suele romper el curso esperado. La colisión no puede ni debe producirse libremente, o quizá sí. Lo cierto es que las Jacarandas, las Primaveras, los Tabachines, las Azaleas y las Bugambilias se renuevan y no puedo disimular mi entusiasmo; tampoco puedo evitar presagiar el modo en que este sol y esta luz inundarán el alma. Ni me sentaré a esperar.

1 comentario:

Clarice Baricco dijo...

En tus ojos hay una primavera y se llaman letras. Tus letras. Las que
siempre-siempre me hacen pensar más-más.
Aquí y allá.
Abrazos.
G