miércoles, 5 de noviembre de 2014

Ay

Hay una esquina sobre la esquina.
Una calle sobre la calle.
Una ventana sobre la ventana.
Una puerta sobre la puerta.
Y en medio, otro medio.
Medio tonto.
Medio tardío.
Un remedio de realidad.
Que en realidad es fantasía.
Hay otro yo y otro tú.
Otro nombre para dejar de nombrar o bien,
donde nombrar es volverse lo nombrado.
Hay más donde menos.
Cuando menos es lo que hay.

Ay.

miércoles, 23 de julio de 2014

I
La vigilia es la hora de los rotos
se yerguen en huesos
luego se deshojan
afirman que el suyo
es un mundo libre de fantasmas.
II
En el vaivén del tiempo
 declina el remolino
su ojo de agua devela un corazón
que no palpita
carne de cañón existencial.
III
El párpado es una red que atrapa la luz
agujero de negra brevedad
hondura que constriñe
ciega y asfixia.
IV
¿A quién transfiguraré en mi ceguera?
¿A quién romperé mientras respiro?
¿A quién destruirán mis sueños?

pregunta el ojo        
exhala el pulmón
dice el hombre.
V
¿A quién devolveremos nuestra inexistencia?

miércoles, 16 de julio de 2014

Parecía luz
y es que
así se presenta la bala

como una interrupción de tu pulso
      un estallido de tu cráneo
  y el último flash  

                 ese que
       perversamente
ilumina tus ojos cuando recibe la muerte.

viernes, 4 de julio de 2014

Tienen en común ese tufo a ausencia que se desprende de los sótanos. No van, solo aparecen. No están, se manifiestan. 

La vida los arrojó de la nada y ellos se juntaron en la inercia. Lanzan anzuelos para que otros gusanos trepen hasta la punta de su existencia y entonces sí, se ovillan, se vuelven un capullo grotesco del cual brotarán mariposas mutantes. 

Por otra parte, no podría ser menos enternecedor el hecho de ver como rascan en la niebla como quien, sin saber, busca a tientas el paredón donde será fusilado. Tristes, pusilánimes, frágiles. Reyes de nada. Personeros de una historia que cada vez más se vuelve una carcajada. 

La risa de la muerte resuella sin eco en su cabezas huecas.

Alzan el cuello, ciegas tortugas, criaturas desesperadas. Se desnudan para meterse entre la multitud esperando que alguien diga: ¡mira, está desnudo! Lo que ignoran es su condición de eructo: crujen y apestan, pero nadie los puede ver. 

Así van por la vida y por la muerte, en la orilla de la existencia. Son marginados que tienen el privilegio de posar para la cámara y decir adiós en tiempo real. 

Patéticos.

jueves, 3 de julio de 2014

Una región llamada antípoda; con flores de pétalos afilados que broten bajo tierra, que esculpa su perdición en la mirada seca del topo. Una región donde los ríos olviden su desembocadura y sea el mar quien escale hasta la lonja invertebrada de la nube. 

Un punto ciego que reúna las miradas perdidas, los parpadeos y los guiños. Un espejo cuántico que teletransporte la muerte. Un reloj sin deseos, que avance detenido. Un polo meridiano donde los náufragos salgan a beber. 
Un horizonte vertical, solo apto para pájaros desilusionados. Una torre apenada de su languidez, que se desmorone para que en sus huesos prospere una colonia de hormigas. Una pirámide invertida que apunte a un sol desconocido. 

Una fe que, sin escalas, nos lleve a lo profundo. Una rendición sin lágrimas. Otro mundo.

miércoles, 2 de julio de 2014

Observo manos que dejan de ser mano y se petrifican.
Detecto miradas
cuya pupila entraña
la violencia de una ventana estrellada.
Veo cuerpos
erigir fronteras donde hubo horizontes.
Siento la sed, —su piel carbonizada—.
Huelo la alquimia del tiempo.
Escucho el sollozo
casi imperceptible
del devenir.
El mundo es un lugar
y en cada lugar
el mundo se torna
una orilla.
De allí vienen muchos
y hacia allá van otros.
En el medio
están los valles
los bosques
y la penumbra donde aun brilla el deseo.

—Ese mar inagotable donde bulle la vida—.

martes, 1 de julio de 2014

Eres la funda de tu móvil. El accesorio de tus lentes. Tus zapatos te usan para andar. Le sirves a tus calzones para no quedarse arrumbados en un cajón. Le brindas regocijo al cinto que te estruja para él relajarse. A tu camisa no le importa lo que hay debajo de ella, pliegues de grasa o un vientre plano. 

Tu reloj no se conmueve con tu puntualidad, sencillamente, quiere que lo saques a pasear. Eres un pasajero más de tu auto y si no tienes auto, eres un extraño que viaja junto a otros extraños en la desenfrenada vida del camión público. 

Para tu cama no eres más que un ácaro más, una masa que suda y desordena las sábanas. La casa se sabe una abyección de la banqueta y la banqueta se asume como una degradación de la calle, quien a su vez, entiende que no es más que la interrupción de una brecha o quizá de un sin sentido. 

La cuestión es que tu cepillo de dientes se burla de tus caries. Que mientras buscas el espejo, él se cierra dejando frente a ti una burla. Entonces, te preguntarás si eres lo que usas o si eres usado por lo que dices usar. 

Cualquiera que sea la respuesta, sin duda se trata de un eufemismo del concepto vergüenza. 

lunes, 30 de junio de 2014

Lo del camino
sucesión o lapso;
o quizá
cruce poroso
donde la diáspora se desintegra.

Lo del caminante
pulsión o tramo;
o quizá
vertiente resquebrajada
donde el tiempo y el espacio despiertan.

Lo del ir y el venir
un quedar en lo muerto
una emergencia en lo oscuro
una flecha en lo cierto
aire desmoronado.

Ahora los pies, el apenas;
sobre el domo inverso de la roca

—cosas del envés que a nadie sonrojan—.

Entonces la vida o su inercia.
Entonces sí, ahí vamos.

martes, 24 de junio de 2014

Desoyen a su Dios
ahora hablan por la piedra;

ella detalla su monólogo
en algoritmos de poliedro viejo;
canta, pellizca la perfección
y reposa en sus adentros.

Luego vienes tú
tus demonios desuellan el cascajo de otra voz;
mientras lenta, pero firme, avanza la lengua.

Después habla el fuego;
su vino
intenta volverse un cause
donde la desilusión se disperse.

Quiere desintegrar al pájaro carbonizado del verbo;
quiere suceder y dejar que todo suceda.

En el fondo
se expresa el tropiezo, absoluto y virginal.

La gravedad es una religión
y nosotros somos sus infelices seguidores.

Cae. Habla. Afila el cuchillo. Vuela. Cae otra vez.
Ya escucho venir tus pasos sin Dios, informes, sangrientos, ardientes, ebrios.

Caeré.



lunes, 23 de junio de 2014

Viene de las uñas. 
De los resquicios del alba. 
Se hunde solo para verte aflorar. 

Forma líneas oscuras en las oscuras líneas del día. 
Pliegues donde respiran peces de fuego. 
Habita en la espiral irregular de la yema de los dedos. 

Se oculta para volverse una trama: 
                         la de futuras noches de ansiedad. 
Se vuelca sobre una hoja de vida. 
Se vuelve un tallo eléctrico;  
                         espiga humedecida desde dentro. 

En ese vaivén, las uñas acarician. 
Hacen historia. 
Se transforman en el cuerpo, en la memoria y en la vida. 
Son el tacto. 

Y lo que sigue después de tocar.

domingo, 22 de junio de 2014

Un alguien

Cuando digo nosotros, no me incluyo. 
El mundo es basto, el hombre, un duplicado de sí mismo. 
Cuando digo ustedes, me refiero a ellos 
¿quiénes se creen para considerarse mis espejos? 
Si acaso, despojos de otro mundo; uno menos basto. 
Cuando digo ellos, en manada acuden sus arañas. 
Filas de ellas, con sus patas como manos y sus manos como garras 
¿Quiénes son ellos? 
Tan disímbolos, insultantes y distópicos como tú y yo. 
Ellos y nosotros. 
No. 
Ustedes y ellos. 
Tampoco. 
El espejo es un fragmento en potencia. 
Laten sus astillas. 
Crepitan sus grietas. 
El puño va. 
El tuyo y el mío. 
El de ellos y el de ustedes. 
Pero nosotros no estamos entre nosotros. 
Nosotros somos tú y él. 
O yo y tú. 
O nadie. 
Cosa rara, de avispa muda que vuela y se lleva el muro. 
O de código. 
O de humo. 

Por eso nadie: ese gran habitante que, de vez en cuando, muta y se vuelve alguien.
Un alguien. 

domingo, 29 de abril de 2012

Invocarnos


Hay ciertas cosas de mí que me molestan.
Ser un marsupial que nació ciego
y que teme salir de la bolsa;
no llegar a las tetas oscuras del tabaco,
resbalar y no caer.
Hay ciertas cosas de ti que amo.
Tu propensión a ser mía siendo tuya.
El esplendor de tu cuerpo
bellamente dosificado
en gotas de sexo.
El domingo es un techo corredizo.
Debajo de él
todo es un estanque sin ranas,
un sonido emitido por un tambor apolillado.
Hay ciertas cosas que nos hacen.
La ciudad y la no ciudad.
Los espacios que negamos
para pertrecharnos desnudos
frente al ventilador
y no saber nada
porque sabemos todo
o todo lo tenemos
porque dentro de esa nada
habita un absoluto.
Hay una forma rotunda de averiguar
en dónde estamos
y cuando cierras los ojos y yo los cierro
aparecemos.
De ahí el tacto, o este respiro.
Mientras tanto
no me canso
de invocarnos. 

sábado, 31 de marzo de 2012


No voy a negarte que un hombre como yo también siente celos. Llegan a mí de una manera insospechada y poco coherente. Por ejemplo, envidio al vecino desconocido que vive en la calle Bruselas, esquina González Luna; afuera de su casa hay una Jacaranda que en Marzo despunta orgullosa.
La puedo ver cuando salgo a fumar, sentado en una banqueta que también es una suerte de banquillo de los acusados, la observo mientras me vuelvo humo y el humo se vuelve olvido.
O como aquella vez que me dijiste que saldrías con anciano de ochenta años, sobreviviente de Auswicht al que, sin conocer imaginaba hermoso, vivo y lleno de cicatrices. Imaginé que sus heridas abiertas conectaban con tus heridas abiertas. Que los sesenta años que te llevaba lo volvían un joven ante tus ojos ávidos de conocimiento.
Ese día y otros más, en lo más recóndito de mi condición humana escudriñé el mensaje secreto de la vida que nos dice que, no importa el tiempo sino la lentitud con que nos anda o la rapidez con que nos permite llegar al otro para quedarnos ahí.

jueves, 29 de marzo de 2012

¿Quién soy yo?


Ahora veo a través de esa chica que sube la fotografía trescientos veintisiete a su perfil de instagram. Sí, digo veo a través, porque ya no la veo más a ella. Desapareció. Se volvió un ángulo fijo, alterado únicamente por un color diferente de tanga o de sostén. Sus curvas hermosas y la perfección de sus nalgas están más allá de lo obsceno y yo tan solo estoy más acá de mí. Ya no me interesa poseerla. Tampoco me relamo los bigotes imaginando el festín que todo buen hombre podría darse en tan suculento cuerpo.
Se trata de un no encuentro entre dos desconocidos en pleno fin del mundo, en el que palabras como conectividad, ancho de banda, megas, acceso, wi fi, portabilidad y otros, se disputan lo que queda de nuestras vidas.
Aquí no importa lo real o lo irreal, mucho menos lo verdadero. Los aspectos estéticos y la composición fotográfica han pasado a un segundo plano. Su exhibicionismo y mi curiosidad han suplantado su nombre o el mío.
Y la verdad es que ante una situación como esta aplaudo al perro que ha venido a sentarse a mis pies. Huele mal, intenta lamerme, mueve la cola. Yo cojo un trozo de pan y se lo echo al piso.
Pide más, tal y como la desconocida pide más ojos, más miradas, quizá más puñetas, más pensamientos lascivos, y díganme ¿Quién soy yo para negarles a ambos lo que anhelan?

miércoles, 28 de marzo de 2012

Des a pares ser.


Yo solía elevarme tal y como lo hacen las bolsas de plástico en los callejones. Era cosa de dejar a una ráfaga de aire ser una ráfaga de aire, sin preguntarle de qué parte del viento venía, ni a qué parte de la nada me pretendía llevar. 
También solía quedarme quieto como un corcho al que no se le sonríe, y del que unas uñas adiestradas y disciplinadas, podían, en un corto lapso de tiempo, convertir en una breve pila de escombros. 
No sé si en eso radica una parte de mi felicidad o de mi tristeza, solo describo episodios del ser y del estar. 
Ahora bien, las bolsas de plástico y los corchos de botellas no agotan las metáforas. Tampoco pretendo que así sea, pero acaso alguien ha advertido que estos simples objetos desafían nuestra enferma idea de libertad o sea yo un payaso que eso cree, acaso eso suceda o no, mi idea de ser y estar está y es cada vez más lejana y ridícula. 
Quizá por eso desaparezco: des a par es ser. 

martes, 27 de marzo de 2012

Para qué

Había una vez un pasado, es decir, un lugar y un momento donde era justo pensar para qué. Luego vino el giro del mundo, ese mismo giro que ya antes había creado otro pasado, otro presente y otro futuro. Existió la costilla de Adán y la uña miserable del paraíso. Pero ese cuento ya lo abortamos. Un día como este y como mañana, se creó un abismo: un lugar y un momento donde es justo pensar para qué. Y donde, dolorosamente, tampoco hay respuesta.
Entonces pregunto ¿Para qué me pregunto para qué si al final sigo sumergido en esa pausa nauseabunda que la existencia define como instante y que yo llamo dolor?

lunes, 26 de marzo de 2012

Lo que no sé del adiós.


Cada cosa posee un modo único da dar el último adiós. Por ejemplo el día, va y viene de la mano de un respiro. Es llegada y partida, movimiento aparente o quietud aparente. No obstante pienso en círculos. Deja tú la perfección de su desplante. Su huella anillada. Al romperlo, acude la ondulación y la espiral. Entonces ahí tienes una forma de locura renovable, una prosperidad: la de lo indeleble. A veces siento que mi mente juega a ser una pieza de un vals bizarro. Algo que en el agua. Algo que en el eco.
Lo que no sé del adiós.

viernes, 25 de noviembre de 2011

25 de noviembre


11:33

¿Con quién tengo que hablar para callarme? Escribo por ahí, con la esperanza de la que la escritura responda la pregunta. Porque se sabe, escribimos para exorcizar, para mantener a raya al monstruo, para aquietar a la bestia, para sostener el equilibrio del mundo. Y sin embargo, la voz interior cada vez es más grave. Su volumen rompe desde adentro los tímpanos. El cerebro se ataranta. El espíritu enflaquece y en ese momento, estamos a merced de la nada.

Hay demonios que no renuncian a su forma original. Bellos, alados, imponen su imagen para consumar su vocación. La demonología y la teología coinciden en el carácter manipulador del diablo. Engaña, dicen. El humano cae. La manzana u otra cosa, son vehículos metafóricos que animan la fábula de la seducción.

¿Somos débiles o la debilidad es una fuerza que nos impulsa a oponernos a las imposiciones de una lógica que nos sitúa contranatura, en el camino inverso, en un carril que no es opuesto, sino simplemente parcial?

Caminamos para sentir que quizá esa es la forma de quedarnos quietos. El paisaje pasa en los rabillos de los ojos. El tiempo se acumula y no sabemos a dónde llegar.

Callamos.