lunes, 5 de julio de 2010

Aire.


Uno macera la nariz contra una piedra de oxigeno. Contiene el polvo que se alza sobre el espejismo de la vida –estar vivo es un prejuicio fácilmente superable.  Disuelve el vapor que va quedando de la lluvia.
Uno ve el contorno de la nada que despeja el horizonte. Siente cuando el ala soporta una tonelada de pájaros húmedos. Asiste a la hoja, cuando se vuelve un violín, desesperadamente verde. Empuja a la flor para ser fecundada.

(El viento es un pleonasmo de la respiración y el suspiro. Por él se cuela el tedio de la invisibilidad. El horizonte se despeja, aunque en realidad se despoja de todo.)

Aire inmóvil, forma simple que la soga atrapa en la garganta, hay ojos ya perdidos en un paisaje de muerte.
Mirada del fin. Tu último respiro. El primero que no es mío. 

domingo, 4 de julio de 2010

El superpoder de no darme a entender.


El peso cae por su todo: a tiempo. El silencio no sabe zafarse del silbato. La imagen no perdura más allá de su espejismo. Labios sellan un ellos mordido, negado, de y por comisura azul. Ahogo el agua a bocanadas. Aire pertrechado en un puño invisible. Envaso el viento. Reviento a dienta y siniestra. Floto en la conspiración de la nariz constipada. Moco. Lloriqueo ¿Alguna otra verdad que estornudar? Granizan cartas sin destinatario. Hoy fue un día gris y a decir verdad, bello. Otro soy, siendo nada, en capítulos que disminuyen mi capacidad telúrica. 
Ese sismo de ayer, yerto ya en epicentros sin. 

Dominguera


Así las cosas, no supimos si mi hermano desapareció detrás de su barba o si de ella nació un bosque.

viernes, 2 de julio de 2010

Vacío.


A una señal tuya, el sol será un astro fallido. Vendrá la noche a desposarnos. Caeremos cada uno en una sombra peculiar, la del adiós. Sin palabras, regresaremos a un gesto fácilmente reconocible, el del dolor. Así, habremos pasado a la historia que todos susurran y nadie acepta, la de la derrota. Nadie se enterará de nada. La sábana seguirá tendida. La cama volverá a ser una planta de ornato. No habrá que guardar silencio mientras nos desmoronamos como una idea. La carne habrá de corromperse en quejidos solitarios. La mirada regresará al acostumbrado temblor de mirarse en un espejo como una piedra. Se secará cada rama del atardecer. La mano se volverá un pasajero sin destino.
Hablará el vacío. El que quedó de otro vacío. El que vació otro vacío: El de ser desesperadamente humano.

jueves, 1 de julio de 2010

Mejor.


Uno elige el abismo. Lo besa. Se ciñe a ese lento caer, adentro del corazón más negro de la pena: el que más ilumina la vida. O no. También se puede voltear atrás, dar la espalda, congelarse cálidamente en la contemplación, y disfrazar de vida lo que en realidad es, una muerte simulada.
Yo soy de los que caminan a ciegas sujetado a una mano. La tuya. Soy el que respira directamente de tu nariz. El que la toca. El que bebe de ti. De tu boca. Quien se arropa de tu piel.
A mí, el miedo no me ladra. Es un viejo sentado en la acera de enfrente. Conmigo viene, está y sucede la vida.
Conmigo, te tienes mejor. 

Las enfermedades de la vida, parte I


1.     Las metafísicas. Son las más graves, lo vuelven a uno una suerte de híbrido: mitad carne, mitad eructo. El mundo al revés, reina aquí. El cerebro palpita y el corazón piensa. La boca caga y el culo habla. Son las que Borges definía como “pasiones metafísicas”. Tan cioranianas, también. Huya de ellas mientras pueda o vuélvase un queso.
2.     Las irónicas. En cierto sentido, la vida se las arregla para ponerte o quitarte de lo que tontamente consideras, tu lugar en el mundo. La lección es simple: ella manda. Tú eres otra pieza reciclada del basurero existencial. Una más a la qué ponerle un nuevo o un viejo revestimiento. La ironía pues, es dios, y se ríe de ti a carcajadas. Prohibido rezar para evitarlas, eso ahonda la tragedia.
3.     Finalmente están las otras; mismas que no pienso explicar. Mejor las vivo.
4.     Y estás tú. Cómo olvidarlo.